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Naturaleza de los Objetivos Educativos

El movimiento scout propone a los jóvenes objetivos a lograr

Toda actividad humana, aunque no lo exprese ni se esté consciente de ello, está orientada hacia el logro de objetivos.

La educación, como todas las cosas que hacemos, también tiene objetivos, pero a diferencia de las actividades rutinarias, que incluyen sus objetivos sin mencionarlos, la actividad educativa no es imaginable sin que se expresen claramente los objetivos hacia los cuales está orientada.

Además, los procesos educativos no sólo se fijan objetivos para sí mismos, sino que también proponen a las personas que participan del proceso -y esto es lo que los hace propiamente “educativos”- que traten de lograr determinados objetivos personales, esto es, que se esfuercen deliberadamente por alcanzar un conjunto de conductas deseables que les permitan crecer.

De ahí que en la Unidad Scout dispongamos de una trama de objetivos que proponemos a los jóvenes y que tiene las siguientes funciones:

  • Desarrollar su personalidad en todos sus aspectos.
  • Establecer una pauta para que cada joven logre ese propósito de acuerdo a su edad y a su particular modo de ser.
  • Servir de base para evaluar su crecimiento personal.

Los objetivos constituyen un propuesta y no pretenden formar modelos “ideales” de personas

Los valores scouts -tal como se formulan en el proyecto educativo y en la Ley Scout- se aprecian claramente en el conjunto de objetivos que se propone a los jóvenes.

Sin embargo, ese conjunto no pretende conformar un modelo “ideal” de persona o de forma de ser. No se trata de producir seres idénticos a partir de una misma “célula valórica”, ya que cada joven es una persona única, con diferentes necesidades, aspiraciones y capacidades.

El conjunto de objetivos es entonces una propuesta que ofrece a los jóvenes la oportunidad de asumir sus propios objetivos de crecimiento personal. Por medio del diálogo entre esa propuesta y lo que cada joven desea de sí mismo, los objetivos educativos propios de la edad, asumidos o modificados por ellos, se convierten en objetivos personales de cada uno.

Por supuesto que ese diálogo es diferente en cada edad y en la misma medida en que el joven o la joven van adquiriendo conciencia de lo que quieren hacer con su vida, mayor es su participación en ese diálogo y menos determinante es el marco ofrecido por la propuesta.

Entre 11 y 15 años, cuando los jóvenes empiezan a ser más autónomos, es probable que la propuesta de objetivos tenga una incidencia equivalente a las de sus propias opciones. A medida que crecen la propuesta será cada vez más referencial.

También el diálogo será diferente para cada joven, ya que no todos evolucionan al mismo ritmo y, dependiendo de sus características personales y de las circunstancias en que crecen, demostrarán mayor o menor autonomía para contribuir a la definición de sus objetivos personales.

Pero el diálogo entre la propuesta y lo que los jóvenes quieren jamás cesa: la propuesta siempre está presente, los objetivos nunca dejan de ser personales y el proceso educativo siempre busca que, animados por los mismos valores, cada joven, único e irrepetible, hombre o mujer, sea lo que debe ser.

En todo caso, cuando un joven “dialoga” con los objetivos educativos propios de su edad y decide finalmente introducirles cambios, estos cambios se refieren a la posibilidad de agregar objetivos o de reformular los existentes de la manera en que él o ella estiman más apropiada para sí mismos. No se considera la posibilidad de omitir conductas esperables, ya que ellas corresponden a los valores del Movimiento Scout o a la necesidad de los jóvenes de obtener progresivamente su madurez.

Los objetivos educativos se logran a través de todo aquello que los jóvenes hacen, dentro y fuera del movimiento scout

Exceptuada la adquisición sistemática de conocimientos, tarea que corresponde básicamente a la escuela, el conjunto de objetivos educativos se refiere a todo lo que los jóvenes hacen en todas las dimensiones de su personalidad.

Se trata de un programa de objetivos para la vida y no sólo para la actividad propiamente scout. De ahí que esos objetivos serán logrados por los jóvenes a través de una gran variedad de actividades y experiencias, algunas de las cuales están conectadas con su patrulla y la Unidad Scout y otras no.

Como los dirigentes son responsables de motivar el avance de los scouts, orientar su desarrollo y contribuir a su evaluación respecto de todos los objetivos planteados, deberán estar atentos a todas las actividades que ellos desarrollan y a la forma en que éstas contribuyen o interfieren en el logro de sus objetivos. Lo mismo ocurre con la patrulla. Para que cumpla su función de comunidad de aprendizaje, su vida interna debe involucrar a cada joven en todo lo que éste es, dentro o fuera del Movimiento Scout.

Habrá que considerar entonces, además de lo que ocurre en la patrulla y en la Unidad, el hogar en que forman sus sentimientos, la escuela en que aprenden, los amigos que mantienen fuera del Movimiento, los deportes que practican, el ambiente sociocultural en que viven, la vivencia de su fe, la situación económica de su familia, su realidad psicológica, la influencia que tiene en ellos la televisión y tantos otros factores que influyen constantemente sobre su personalidad.

Por este motivo, reiteramos que un dirigente debe hacerse responsable del seguimiento y evaluación de una patrulla, o de 8 jóvenes, como máximo. Sólo de esa manera se podrá atender apropiadamente la tarea antes definida. Este dirigente debe permanecer en esa responsabilidad al menos durante un año, de modo que comparta con sus integrantes un tiempo razonable que le permita conocerlos bien, motivar y hacer un seguimiento efectivo.

Esta manera de atender a la progresión personal de cada joven, que arranca de las recomendaciones del propio Baden-Powell, es fácil de mantener cuando se aplican todos los elementos del método scout. La intimidad producida por el sistema de patrullas y la confianza existente gracias a la vida de grupo, hacen que los jóvenes se den a conocer y compartan sus inquietudes expresando todo lo que son. La integración entre su vida scout y su vida entera se produce con toda naturalidad.

Aplicar el método scout de esta manera, representa un desafío para ciertas formas de enfrentar la progresión de los scouts que se han hecho habituales en algunas Unidades.

Si la progresión se reduce a una serie de tareas que es preciso cumplir dentro de la patrulla o de la Unidad, los dirigentes y los Guías de Patrulla podrían limitarse a observar el cumplimiento de esas tareas, prescindiendo del impacto que tiene en los jóvenes el resto de su vida.

Pero cuando se trabaja en base a objetivos que comprenden todos los aspectos de la personalidad, no basta evaluar el avance de los jóvenes en el interior de la patrulla o en la Unidad, sino que es necesario observar si todas las actividades que los scouts desarrollan, dentro y fuera del Movimiento, en su casa, en su vecindario y en la escuela, contribuyen a producir en ellos las conductas deseables contenidas en los objetivos.

Los objetivos no se “controlan” como si fuera pruebas o exámenes

Los objetivos educativos se evalúan por los mismos jóvenes, como también por sus pares y sus dirigentes, quienes observan su avance durante un período Los objetivos no se “controlan” como si fueran pruebas o exámenes prolongado. En la práctica, la patrulla y el dirigente encargado del seguimiento observan y acompañan de manera permanente. Al final de un ciclo de programa, del que hablaremos en detalle más adelante, todos comparten sus opiniones entre sí.

La opinión del joven es el resultado de su autoevaluación, confrontada en el Consejo de Patrulla con la opinión de sus compañeros (evaluación por los pares). La opinión del dirigente encargado se nutre de su propia observación y de las percepciones que ha recogido de los demás dirigentes, de los padres, de los profesores y de otros agentes vinculados al crecimiento del joven. A todo el proceso lo denominamos “evaluación en 360 grados”, ya que da una vuelta completa recogiendo la opinión de todas las personas intervinientes, como lo demuestra el gráfico contenido en el capítulo 11, relativo a la evaluación de la progresión personal.

Las apreciaciones del dirigente encargado del seguimiento y las del joven pueden ser o no coincidentes. De ahí la importancia de llegar a un consenso. Si el joven reitera su punto de vista y la discrepancia se mantiene, se dará prioridad a la autoevaluación efectuada por el joven o la joven.

Producido el acuerdo o acogida la autoevaluación del joven, se estimulará su esfuerzo dejando constancia en su Bitácora del reconocimiento obtenido, para lo cual se pegará un sello en la parte correspondiente al objetivo respectivo. Los sellos de reconocimiento se diferencian según el área de crecimiento de que se trate, como se describe al final de este capítulo.

Como se puede apreciar, la evaluación del logro de los objetivos no es un acto jerárquico de control, en que el dirigente, sólo de acuerdo a su criterio, califica mecánicamente como si se tratara de un examen o una prueba. Por el contrario, es un proceso continuo y natural, secuenciado y paulatino, distendido y amable, en el cual prima la opinión de los propios jóvenes y se desarrolla mientras se vive y se comparte.

Consideramos dos tipos de objetivos: Terminales y Propios de la edad

La propuesta de objetivos del Movimiento Scout toma dos formas: los objetivos terminales y los objetivos educativos propios de la edad u objetivos intermedios.

Los objetivos terminales describen, para cada área de crecimiento, las conductas que los jóvenes pueden tener la expectativa de lograr al momento de su egreso del Movimiento, alrededor de los 20 años.

Marcan “el fin de la pista scout”, ya que la contribución del Movimiento al desarrollo de la persona está limitada a un cierto período de la vida.

Entonces, son “terminales” o “finales” en términos de lo que el Movimiento puede ofrecer, pero no lo son para la persona: la persona, en un proceso que se extiende durante toda la vida de cada uno, nunca deja de completarse.

Los objetivos terminales permiten que todas las Ramas del Movimiento tengan objetivos intermedios coherentes entre sí y respecto de esos objetivos terminales, dando unidad y articulación a todo el proceso de formación scout.

Aunque en la Unidad Scout no se trabaja directamente con los objetivos terminales, los dirigentes deben tenerlos siempre presente, como un marco de referencia que explica el sentido que tienen los objetivos intermedios que proponemos a los scouts o que debieran tener los objetivos que éstos desean agregar.

Los objetivos educativos propios de la edad son una secuencia de pasos intermedios hacia el logro de cada uno de los objetivos terminales y presentan conductas que los scouts pueden lograr de acuerdo a su edad.

Al igual que los objetivos terminales, los objetivos propios de la edad se establecen para todas las áreas de crecimiento, tratando de cubrir en forma equilibrada el desarrollo de todos los aspectos de la personalidad de los jóvenes.

En la Unidad existen dos columnas de objetivos educativos: una para la etapa de la adolescencia comprendida entre 11 y 13 años; y otra para la que va de 13 a 15 años. En ambos casos, las edades son una referencia aproximada, como en todos los casos en que se usa la edad para determinar comportamientos.

Los objetivos educativos correspondientes a la edad se presentan, dialogan y convienen con los jóvenes de manera individual, durante un proceso relativamente corto pero que necesita que se le destine un cierto tiempo, al que llamamos período de introducción. En este proceso intervienen el propio joven, el Consejo de Patrulla y el dirigente encargado de hacer el seguimiento.

El conjunto de actividades que se desarrolla en la Unidad permite a los scouts tener experiencias que les ayudan a lograr sus objetivos. El interés por lograr estos objetivos se motiva en los jóvenes a través del diálogo con los dirigentes, de los testimonios de los exploradores que se presentan como modelos de las áreas de crecimiento, de la vida interna en la patrulla como comunidad de aprendizaje, de las bitácoras, de los sellos de reconocimiento y de la obtención de las insignias que corresponden a las diferentes etapas de progresión.

Al analizar el ciclo de programa desarrollaremos con más detalle las ideas que aquí se han enunciado.

Los objetivos educativos tienen unidad y secuencia entre ellos

Conocer estas dos características fundamentales del conjunto de objetivos ayudará a su comprensión, a su aplicación práctica y al diálogo que los dirigentes mantienen con los jóvenes cuyo crecimiento acompañan y evalúan:

  • Para dar continuidad al proceso de crecimiento, los objetivos están establecidos en secuencia, en una relación de progreso de unos con respecto a otros.
    • Por ejemplo, no será posible que un joven o una joven “respete” las normas de convivencia, si primero no “conoce” esas normas. Tampoco es posible que “manifieste sin agresividad lo que piensa” sobre otras opiniones, si primero no ha “escuchado” con respeto esas opiniones.
  • Igualmente, el conjunto de objetivos es una unidad, por lo que hay objetivos sucesivos o complementarios entre sí que están ubicados en distintas áreas de crecimiento.
    • Por ejemplo, si un joven “escucha las críticas que le hacen los demás y reflexiona sobre ellas” (11 a 13 años, área carácter), estará en condiciones de “compartir sus sentimientos y emociones con su patrulla” (13 a 15 años, área afectividad).

En atención a las 2 características anteriores -secuencia y unidad no es posible descartar objetivos, omitirlos o propiciar elecciones parciales para un año y dejar otros para ser elegidos más adelante. Un joven entre 11 y 13 años “dialoga” con todos los objetivos de la columna respectiva, se esfuerza por crecer, se autoevalúa y es evaluado con relación a todos ellos. Lo mismo ocurre con los jóvenes de 13 a 15 años con relación a la segunda columna.

Si en una Unidad Scout se ofreciera la posibilidad de elegir sólo un determinado número de objetivos a lograr durante un año y un joven no eligiera, por ejemplo, el objetivo que se refiere a la preocupación por su aspecto personal y por la limpieza de su cuerpo, ¿significaría eso que durante todo ese año tiene licencia para despreocuparse de su limpieza y que los dirigentes no necesitarían evaluar esa conducta? Sería un absurdo, ya que los objetivos constituyen una unidad que refleja la totalidad de la personalidad de un joven, que crece simultáneamente en todos los aspectos.

Los ejemplos pueden aún prolongarse a situaciones más graves. Si se aplicara esta supuesta posibilidad de dividir los objetivos en grupos anuales o semestrales, ¿qué pasaría si un joven no eligiera para un período los objetivos relativos a la vivencia de la Ley Scout? En ese caso los valores scouts no serían normas de conducta para ese joven durante un determinado tiempo, lo que deja sin contenido ni lógica todo el sistema.

Los objetivos educativos se presentan en esta guía y en las bitácoras de los jóvenes

En el conjunto de objetivos que se presenta a continuación, cada objetivo terminal -y el grupo de objetivos educativos propios de la edad que le corresponde- están precedidos por un párrafo que recuerda su fundamento y aplicación en esta edad.

Este párrafo introductorio ayuda también al dirigente para que pueda explicar la razón de ser de ese grupo de objetivos, usando palabras simples y ejemplos comprensibles, apropiados al joven o a la joven con quien dialoga.

Con este mismo propósito, los objetivos educativos propios de la edad han sido redactados en primera persona y empleando un lenguaje adecuado al nivel de desarrollo del joven. Los objetivos terminales, en cambio, están redactados en tercera persona, en una versión comprensible para los dirigentes y para los jóvenes mayores de 17 años, período en que se trabaja directamente con dichos objetivos.

Los objetivos educativos se agrupan por áreas de crecimiento y los propios de la edad se han ubicado en columnas separadas según los rangos de edad. Naturalmente, no se muestran las columnas de los objetivos que corresponden a las otras Ramas, agregándose sólo la columna que contiene los objetivos terminales, como se observa a continuación.

11 a 13 años

Objetivos educativos que se proponen a los jóvenes de esta edad. Se aplican a las dos primeras etapas de progresión y figuran en las Bitácoras de las etapas Pistas y Senda.

13 a 15 años

Objetivos educativos que se proponen a los jóvenes de esta edad. Se aplican a las dos últimas etapas de progresión y figuran en las Bitácoras de las etapas Rumbo y Travesía.

Objetivo Terminal

Conducta final, esperable al momento del egreso de un joven del Movimiento, redactada en lenguaje adulto.