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Reflexiones sobre las Áreas de Crecimiento

El desarrollo del cuerpo

Como el cuerpo crece y funciona en base a leyes propias, es frecuente pensar que una persona no puede influir en los procesos que vive su organismo. Esa idea es sólo parte de la verdad, ya que cada día la ciencia reúne más y más demostraciones de lo mucho que podemos hacer por la protección de la vida, el desarrollo del cuerpo y el cuidado de nuestra salud.

De ahí que cuando se trata del crecimiento de una persona, la primera tarea que ésta debe enfrentar es asumir la parte de responsabilidad que le corresponde en el desarrollo de su cuerpo, el que influye de manera muy importante en las características de su personalidad.

Los jóvenes entre 11 y 15 años deben asumir progresivamente las tareas que todas las personas tienen respecto de su cuerpo, tales como:

  • Conocer los procesos biológicos que regulan su organismo
  • Proteger su salud
  • Cuidar la higiene personal y la de su entorno
  • Administrar equilibradamente su tiempo
  • Mantener una alimentación balanceada
  • Utilizar formas adecuadas de descanso
  • Disfrutar del aire libre, practicar deportes

Sin embargo, lo que más concentrará su atención en esta edad son los aspectos que dicen relación con la transformación de su cuerpo a partir de la pubertad. Es así como deberán experimentar, entre otros aprendizajes:

  • El conocimiento de lo que está pasando en su organismo
  • La formación de la imagen de su propio cuerpo
  • El manejo de los trastornos asociados al estirón o a su retraso
  • La aceptación de las dificultades motrices de su desarrollo
  • La orientación de sus nacientes impulsos y fuerzas
  • El respeto por su cuerpo y el de los demás
  • La valoración de su aspecto personal
  • El control de su agresividad
  • La percepción apropiada del riesgo físico
  • La mantención de una vida activa

En las bitácoras de los jóvenes, esta especial relación de una persona con su cuerpo, está ilustrada con muchos testimonios.

Jacques Costeau, el gran explorador francés de los espacios submarinos, conocía los límites de su capacidad física y no obstante deseaba moverse en las profundidades marinas tan libre como cualquier pez. Quizás por eso en 1943 pudo inventar el Aqua-Lung, que le permitió respirar tan cómodo bajo el agua como en el escritorio de su casa. Antes de Costeau, la exploración submarina se hacía con zapatos de plomo, escafandras de cobre, trajes extremadamente pesados y los buzos debían arrastrar sogas de salvamento y mangueras de aire.

Conocedor del funcionamiento del organismo humano, Ernest Shackleton, atrapado con su expedición en los hielos de la Antártida durante 20 meses, logró salvarse él y sus hombres del escorbuto preparando guisos de pingüino y comiendo vísceras frescas de animales recién sacrificados, que les proporcionaban la vitamina C que sus organismos necesitaban.

Annie S. Peck practicó montañismo hasta los 82 años, y cuando tenía 59 años logró, al sexto intento, subir la cima norte del Huascarán, en Perú. Seis intentos a esa edad requieren de una profunda preparación y control del propio cuerpo. Guillermo Conrado Roentgen, científico alemán que en 1895 descubrió los rayos X, practicaba constantemente el montañismo. Cándido Mariano Rondón, el gran explorador brasileño, gustaba de la vida al aire libre, de la natación y del ejercicio diario. Y Baden-Powell recomendó a los jóvenes en sus libros lo que él practicaba a diario:

  • Alimentación adecuada
  • Descanso y ejercicio físico constante.

La estimulación de la creatividad

El ser humano es algo más que un cuerpo. Es un cuerpo inteligente. La inteligencia nos permite descubrir la verdad que está expresada o encerrada en las cosas, relacionar unas cosas con otras, sacar conclusiones, deducir, almacenar la información y realizar muchas otras funciones que progresivamente van formando nuestro conocimiento.

Ese conocimiento, que en gran parte los jóvenes adquieren en la escuela, es distinto de la capacidad para usar ese conocimiento de manera original y relevante, aportando nuevas ideas y soluciones originales. Esa capacidad es lo que llamamos creatividad, que no siempre se adquiere en la escuela, ya que es la vida misma la que nos hace creativos.

Todos tenemos la posibilidad de desarrollar nuestra creatividad. Sólo necesitamos hacerla brotar, abrir el espacio para que salga de dentro de nosotros. Para eso hay que crear un ambiente estimulante, que gratifique las ideas nuevas y que haga sentirse seguro y apreciado.

También hay que eliminar los obstáculos que impiden que la creatividad brote:

  • La falta de conocimientos
  • El apego a reglas antiguas
  • El miedo al error y al fracaso
  • La incapacidad para la aventura
  • El ambiente severo
  • El conformismo
  • La censura sistemática

Y las personas no desarrollan su creatividad de la noche a la mañana. Llegar a ser una persona creativa supone un largo camino. Entre los 11 y los 15 años, período de exploración del mundo en que se desarrolla el pensamiento abstracto y se descubren las relaciones de causalidad, es una oportunidad muy propicia para que los jóvenes:

  • Logren interés por el aprendizaje
  • Manejen la información
  • Adquieran hábitos de lectura
  • Ensayen posibilidades vocacionales
  • Expresen sus intereses y aptitudes
  • Se familiaricen con procesos técnicos
  • Se permitan imaginar y soñar
  • Reconozcan el error como una oportunidad de aprendizaje

De ahí que la vida de grupo en la Unidad Scout, el establecimiento de un campo de aprendizaje y las actividades y proyectos que los jóvenes emprenden con su patrulla, estimulan en ellos el interés por aprender; desarrollan la capacidad de aventurar, pensar e innovar; y ofrecen la oportunidad de ensayar soluciones a los problemas que ellos enfrentan cuando se ponen a hacer cosas.

En el Congreso de Física celebrado en Alemania en 1893, un eminente científico cuyo nombre es mejor no conocer, se levantó para decir que la física estaba acabada y que todos los descubrimientos físicos ya estaban hechos. Resumió la historia de esta ciencia como si se tratase de una necrología en honor de un desaparecido. Con un gesto de misericordia cerró su disertación advirtiendo que los físicos del futuro no tendrían otra cosa que hacer que repetir los experimentos del pasado.

La respuesta no se hizo esperar. Dos años después de esta declaratoria oficial de desaparecimiento científico, en un modesto laboratorio del Instituto de Física de la Universidad de Würzburg, Conrado Roentgen descubre los rayos X. Un año después, cuando los mencionados rayos todavía estaban en pañales, Henri Becquerel anunció al mundo haber descubierto radiaciones misteriosas en las sales de uranio. Dos años más tarde, en 1898, el matrimonio Curie descubría el radio, y mientras tanto, en la Universidad de Zurich, Albert Einstein preparaba los famosos artículos escritos en 1905, donde quedaron sentadas las bases de la teoría de la relatividad.

Después de haber dado por clausurada la física, el científico de nuestra historia pudo presenciar, en menos de 10 años, tres de los descubrimientos más importantes de nuestra época y el cambio total del concepto científico de la física. Sin creatividad, Roentgen, Becquerel, los Curie y Einstein, no habrían efectuado sus descubrimientos.

Las bitácoras de los jóvenes mencionan éstos y otros hechos y tratan de estimular las actitudes y aptitudes que requiere la creatividad.

Es así como les hablan a los jóvenes de Santiago Ramón y Cajal, científico español autor de la ley de la transmisión nerviosa por contacto, que demuestra que a partir del cerebro existen unas deslindadas y precisas vías de conducción nerviosa, específicas para cada estímulo sensorial. Cuando niño, Ramón y Cajal conseguía las novelas que le interesaban de la biblioteca de un vecino, para lo cual debía realizar peligrosas expediciones por los tejados y descender por el estrecho tragaluz de un desván, mientras su padre, hombre enérgico y de aspiraciones insatisfechas, lo creía encerrado en su pieza, enfrascado en traducciones latinas y ecuaciones matemáticas.

Lewis y Clark, en su aventurada expedición de 29 meses por el río Missouri, enfrentaron situaciones que los obligaron a desplegar toda su creatividad. En una ocasión encontraron una tribu salish, que nunca antes se había topado con blancos y que hablaban muy extraño y difícil, tanto que ellos pensaron que tenían un defecto en la lengua. Para poder entenderse establecieron una insólita cadena idiomática: los salish le hablaban en salish a un niño shoshone que había entre ellos. El niño traducía al shoshone para Sacagawea, una indígena que poco antes se había sumado a la expedición. Esta traducía al hidata para su esposo francés, quien a su vez traducía al francés para otro francés miembro de la expedición que hablaba inglés, el cual traducía del francés al inglés para Lewis y Clark y demás miembros de la expedición. La respuesta seguía la misma cadena en sentido inverso.

Cuando en el siglo IX Erik el Rojo se embarcó en las costas de Noruega con su familia rumbo al noroeste, embarcó también 3 cuervos, porque “ellos nos conducirán a nuestro destino”, según dijo. El primer cuervo fue soltado al amanecer del primer día de navegación y el ave voló de inmediato hacia la tierra de donde acababan de salir. Erik señaló “aún no hemos navegado bastante”. Al otro día el segundo cuervo fue liberado. Luego de dar unas vueltas alrededor del velero, también remontó vuelo hacia las costas que hacía dos días habían abandonado. Erik, muy seguro, señaló “ya estamos a mitad de camino”. Al amanecer del día siguiente se liberó al tercer cuervo, el cual tomó la misma dirección del velero y se perdió en el horizonte. Erik, con gran satisfacción, anunció a su familia: “estamos a punto de llegar a nuevas tierras”, lo que efectivamente ocurrió poco después.

Alfred Hitchcock, el gran creador de películas de suspenso, para enfatizar el valor de la creatividad decía que “existe algo más importante que la lógica: la imaginación”. Para desarrollar la creatividad, el método scout utiliza constantemente los recursos que proporciona la imaginación, invitando a los jóvenes a trascender lo convencional, lo habitualmente aceptado, lo meramente útil. Como dice Heitor Villa Lobos, el gran músico brasileño contemporáneo, “la música es tan útil como el pan y el agua”. Y Louis Pasteur agregaría que es nuestro deber ir a fondo, porque “hay que agotar todas las combinaciones…”

El aprendizaje de la creatividad por parte de los jóvenes los convierte en protagonistas. Marshall McLuhan, el extraordinario canadiense que ha reflexionado sobre la comunicación contemporánea con fuerte impacto en la educación, decía que “en la nave espacial Tierra no hay pasajeros, todos somos tripulación”.

La formación del carácter

Además de tener inteligencia, el ser humano posee voluntad. Una y otra se complementan a tal punto, que de poco le serviría la primera si no ejercitara la segunda. Mientras la inteligencia le permite descubrir la verdad, su voluntad lo lleva hacia aquello que considera bueno.

Una persona de carácter es aquella que sabe ejercer su voluntad. De ahí que el carácter sea una disposición permanente de la persona para organizar sus fuerzas e impulsos de acuerdo a los principios y valores que considera correctos.

Ser una persona de carácter es algo difícil de lograr. El período 11 a 15 años, en que el joven empieza a cuestionar el estatus derivado de la familia y gradualmente da forma a sus propias normas de comportamiento, es la etapa más apropiada para aprender a ejercitar la capacidad de decidir por sí mismo. La comunidad que se forma en la patrulla de amigos y la vida de la Unidad contribuyen a ese ejercicio, ofreciendo a los jóvenes de ambos sexos experiencias que les permiten educar su voluntad.

Es el período en que debe:

  • Conocer sus posibilidades y limitaciones
  • Aceptarse con capacidad de autocrítica y mantener a la vez una buena imagen de sí mismo
  • Estabilizar sus estados de ánimo
  • Formar su sentido del humor
  • Desarrollar su sensibilidad para detectar la inconsecuencia y apreciar el valor de la coherencia personal

La vivencia de la Ley Scout cumple un papel fundamental en la formación de la conciencia moral y del carácter.

Los jóvenes forman su propia escala de valores, que consolidarán durante la adolescencia y poco después de su término. En ese proceso son fundamentales:

  • La disposición a escuchar a los otros
  • El compromiso con la verdad
  • Su ánimo siempre alegre
  • El afecto por sus amigos
  • La valoración de su familia
  • El servicio a los otros
  • El respeto por la naturaleza

Para la formación de la conciencia moral y del juicio crítico son fundamentales la palabra y el testimonio de los dirigentes, quienes actúan como modelos, según vimos anteriormente. Los jóvenes, contrariamente a las creencias que suelen generalizarse, están siempre dispuestos a recibir las orientaciones de adultos bien intencionados y preparados, aun cuando a veces pareciera que no los escuchan. Para eso se necesita estar próximos a ellos, tener algo en común, merecer su confianza y, por supuesto, que la palabra orientadora esté acompañada del testimonio, ya que al contrario no vale mucho.

Las bitácoras de viaje de los jóvenes apoyan esta labor del dirigente mostrando testimonios de hombres y mujeres que aprendieron a forjar su carácter.

Albert Einstein, físico y matemático alemán que en su condición de judío conoció la dureza del exilio, y quien fuera declarado por la revista Times, según encuestas de opinión, como el personaje más importante del siglo XX, tenía en la escuela problemas de aprendizaje, especialmente en… ¡matemáticas! Cuando debió trabajar le fue difícil encontrar ocupación, ya que los científicos de la Universidad lo encontraban poco inteligente. Por esta razón su primer trabajo consistió simplemente en ordenar papeles, pero esto no redujo su voluntad y le dio tiempo para pensar e ir desarrollando sus teorías.

José Celestino Mutis, joven médico sevillano apasionado por las ciencias naturales, quien nos dejó una herencia de más de 24.000 láminas de plantas americanas, fue enviado a América para que las autoridades no tuvieran que escuchar sus críticas sobre la forma en que languidecía la Academia Española. Debió esperar 20 años para que le autorizaran su Misión Botánica.

La adolescencia de Charles Darwin transcurrió bajo la vigilancia de un padre aprehensivo, de una hermana dominante y de un celoso hermano mayor. “Nunca serás nada -le decía su padre- no te ocupas de nada más que de los animales”. En la escuela sentía aversión por las aulas, por las preguntas de rutina y por las respuestas de receta que en ellas se hacían.

Después de dos años abandonó los estudios de medicina a que lo había obligado su padre y fue enviado a Cambridge, donde debía estudiar teología. La instrucción reglamentada de Cambridge casi llegó a quebrantar su espíritu. No obstante, en este período demostró interés por las ciencias y desarrolló el hábito de la investigación.

Cuando en 1831 se embarcó en el Beagle, en una exploración científica hacia América del Sur, su padre se opuso porque ese viaje no era la mejor preparación para el púlpito. El comandante del barco también se oponía porque… no le gustaba la forma de la nariz de Darwin.

En el último instante Darwin subió a bordo del barco. Tenía 22 años. La vida en el buque no ofrecía ninguna comodidad, el alojamiento era mezquino, la comida mala, pasó casi todo el tiempo mareado, la expedición arruinó su salud y, a consecuencia del viaje, Darwin quedó inválido para el resto de su vida. Sin embargo, el hombre que revolucionó al mundo con su teoría sobre el origen de las especies y del hombre, escribió posteriormente que su estadía a bordo constituyó “indiscutiblemente el acontecimiento más importante de mi vida…; siempre he creído que a aquel viaje debo la primera instrucción o educación genuina de mi mente”.

Nunca la realización personal nos está esperando plácidamente a la vuelta de la esquina. Es preciso construirla paso a paso. “Querer es una gran cosa -escribía Louis Pasteur a sus hermanas cuando tenía 19 años- pero la acción y el trabajo deben seguir a la voluntad. La voluntad abre las puertas, el trabajo las atraviesa y el éxito nos espera para coronar los esfuerzos”.

La orientación de los afectos

Las experiencias afectivas, al igual que el cuerpo, la inteligencia y la voluntad, forman parte de la vida y contribuyen a definir nuestra personalidad.

Las emociones, sentimientos, motivaciones y pasiones en que se expresan los afectos, le confieren a nuestra actividad una particular resonancia, que aun cuando muchas veces no la podemos definir muy claramente, es de tal importancia que deja una huella decisiva en nuestra historia interna.

Las experiencias afectivas surgen de la vida diaria, se perciben interiormente, provocan reacciones corporales, se manifiestan en la conducta y se expresan en las ideas y pensamientos, influyendo finalmente en nuestro modo de ser.

Todo proceso de aprendizaje debe procurar que la vida afectiva se integre adecuadamente al comportamiento, favoreciendo nuestro desarrollo.

El desarrollo de la afectividad es una tarea central en este período de la vida, y de él dependerá en gran medida la elaboración de una identidad sana por parte del joven y de la joven. Para lograrlo será necesario sortear una serie de desafíos y riesgos:

  • Ante la incertidumbre de cómo responder a las demandas crecientes de la adolescencia, es frecuente la aparición de la ansiedad, que es una situación de transición y que no les impide funcionar y adaptarse, pero que requiere de oportunidades que den seguridad.
  • Habrá que saber coexistir con la tendencia a la soledad y al hermetismo, fruto del asombro ante la transformación sexual que irrumpe.
  • También se deberán superar las constantes frustraciones, que provienen de deterioros en la autoestima y de la tardanza en encontrar roles autónomos y satisfactorios.

Frente a estos desafíos, por medio de la comunidad que se forma en la patrulla y a través de la vida de grupo que existe en la Unidad Scout, los jóvenes:

  • Encuentran las oportunidades de identificar, expresar y orientar sus afectos, como un primer paso hacia una identidad positiva.
  • Comparten con el grupo de pares y reciben la palabra y la orientación de adultos maduros y equilibrados.
  • Pierden temores, destierran obsesiones y adquieren certezas.
  • Aprenden a controlar el exceso de sensibilidad y a superar la timidez, la inseguridad y la rebeldía.
  • Aprenden a conocer, aceptar y respetar la propia sexualidad y la del sexo complementario, vinculándolas al amor.
  • Superan mitos, discriminaciones y estereotipos sobre el hombre y la mujer, estableciendo con jóvenes del otro sexo relaciones naturales, equitativas e igualitarias.
  • Logran un tránsito más apacible hacia la autonomía personal, valorando el aporte familiar y evitando quiebres entre dependencia y emancipación.

Los afectos están siempre presentes en toda nuestra vida y se expresan incluso en las condiciones más increíbles. En 1528, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, fue uno de los 4 sobrevivientes de una fracasada expedición en La Florida y estuvo errando durante 8 años por las vastas regiones del Mississippi, ganándose la confianza de los indios, haciendo de curandero, adaptándose a sus costumbres. Encontraba que los pueblos aborígenes eran más cordiales que sus compatriotas.

En sus relatos cuenta que al naufragar en La Florida, estando él y sus hombres hambrientos, llorando y rogando a Dios por misericordia, llegaron unos indios que al verlos hechos un desastre, “se sentaron entre nosotros y con gran dolor y lástima comenzaron todos a llorar recio. Esto les duró más de media hora… Rogué a los indios que nos llevaran a sus casas. En el trayecto proveyeron fuegos muy grandes puestos cada cierto tiempo y en cada uno de ellos nos calentaban”.

Ernest Shackleton, atrapado en la Antártica con su expedición, sabía que el peligro más grande era la depresión de sus 27 hombres, por lo que se dedicó a cada uno de ellos personalmente. A uno medio vanidoso lo hacía sentirse bien, consultándole en privado cualquier asunto importante. A otro que le sobrevenían deseos de morir, le encomendó varias funciones precisas que debía hacer todos los días, y así lo distraía manteniéndolo ocupado. A dos compañeros que eran particularmente solitarios y vulnerables, los asignó a su propia tienda para mantenerlos cerca de él y protegerlos. Si veía que alguno sufría “más de lo normal”, pedía que en la hornilla de querosén se preparara una bebida caliente para todos: “Nunca dejaba que el hombre supiera que eso se hacía por él, pues temía que se pusiera nervioso”, anotó un tripulante en su bitácora.

En el centro de todos los afectos está el amor. En todas sus manifestaciones tiene una fuerza tal, que incluso impulsa a dar la vida por aquellos a quienes se ama. En 1645, estando Quito y otras ciudades del Ecuador azotadas por numerosas pestes y temblores, Mariana de Jesús Paredes y Flores, una rica joven quiteña consagrada a la caridad con los más pobres, ofreció durante una celebración religiosa su vida a cambio del término de las plagas que afectaban a su pueblo.

Cuenta la historia que desde que Mariana hizo su oferta, cesaron los temblores y la peste. Al poco tiempo no había en la ciudad ni un solo rastro de enfermedad y muerte. Mariana, en cambio, al salir del templo empezó a sentir los síntomas de la enfermedad, sufrió terribles dolores y al cabo de dos meses murió. No importa si este relato nos pone o no en presencia de un hecho milagroso, lo que verdaderamente importa es la disposición de una persona a entregar su fortuna y su tiempo para los demás, e incluso a ofrecer su vida por la salvación de aquellos a quienes ama.

En un plano puramente humano, es el amor por los demás el sentimiento que guía toda la obra creativa de Alexander Graham Bell, el escocés que en 1876 inventó el teléfono. Como su esposa, Mabel Hubbart, víctima de una infección de escarlatina había quedado sorda desde joven, Bell se propuso que oyera, para lo cual trabajó en una “membrana parlante” que no dio el resultado previsto. Sin embargo, al hacer correr las vibraciones de esta membrana a través de un hilo eléctrico, se podía hacer vibrar otra membrana a distancia, reproduciendo la voz. ¡Había nacido el teléfono! Pero Bell no había logrado su objetivo, por lo que inventó un sistema para comunicarse por señas y su mujer fue una de las primeras que habló de esa manera en Estados Unidos.

Todos los inventos de Bell -que inventó muchas cosas- respondieron a una necesidad humana y no a una compulsión por inventar aparatos. Motivado por una tormenta que impedía que los hilos del teléfono llegaran a la costa, inventó el photophone, o sea, el teléfono inalámbrico. Desesperado ante una niña que se había tragado un alfiler en Nueva Jersey, perfeccionó un aparato para ubicar los metales en el cuerpo humano. Por el sofocante calor que vio sufrir a bordo de un submarino, creó los principios fundamentales de lo que hoy es el aire acondicionado. Impresionado por dos náufragos que habían muerto de sed en una embarcación, inventó un aparato para destilar el agua de mar y convertirla en agua apropiada para el consumo humano. La medicina y la odontología están llenas de aparatos eléctricos por los cuales jamás cobró un centavo y los hizo, según él mismo declaró, para “aliviar” a la humanidad.

El encuentro con los otros

La finalidad de todo proceso educativo es la libertad de la persona y la aspiración de toda persona es usar esa libertad para lograr su felicidad. Coincidiendo con esa afirmación, Baden Powell repetía continuamente que el verdadero éxito es la felicidad. Y agregaba que la mejor forma de ser feliz es hacer felices a los demás.

La libertad humana conduce a una felicidad profunda y perdurable si la usamos para realizarnos personalmente a través del encuentro con los otros. De esa manera la libertad se convierte en respuesta, en aceptación de los demás, en compromiso con la comunidad, en auxilio al que sufre, en encuentro y diálogo entre las culturas y las naciones.

Es así como no podemos hablar de desarrollo integral de la personalidad si no educamos la dimensión social de la persona.

En esta área se da la mayor coincidencia entre el método scout y las necesidades psicológicas y educativas de los jóvenes de 11 a 15 años.

  • Frente a la búsqueda del joven adolescente por ser él mismo o ella misma e integrarse en la sociedad, la patrulla le ofrece un espacio seguro donde puede aprender y reaprender la vida con los demás.
  • A través de actividades y proyectos, el joven y la joven experimentan las actitudes de integración y servicio y el valor de la solidaridad. Aprenden a ejercer la democracia y a reconocer y respetar la autoridad.
  • Por medio de los múltiples procesos de toma de decisiones que se dan en la patrulla y en la Unidad, los jóvenes comprenden el respeto por los acuerdos adoptados entre todos y asumen una actitud de colaboración con los representantes elegidos.
  • La patrulla y la Unidad ofrecen la oportunidad de desplegar el sentido crítico propio de esta edad, pero desarrollan a la vez la capacidad y la responsabilidad de construir reglas comunes. La norma descubierta sustituye a la norma impuesta, lo que impulsa a construir una disciplina interior que reemplace a la disciplina exterior.
  • La integración social que el método scout promueve aproxima a los jóvenes a los valores de su pueblo y de su país, contribuyendo a que identifiquen y aprecien las manifestaciones de su cultura y adquieran conciencia del aporte que cada uno puede hacer para preservar y cuidar el medio ambiente.
  • De igual manera se aprende a valorar la paz como resultado de la justicia entre las personas y de la comprensión entre las naciones.

El Movimiento Scout no es comprensible sin servicio ni integración social. Esto debe reflejarse fuertemente en las actividades que los jóvenes emprenden y en el impulso hacia los demás que demuestran sus dirigentes.

Las bitácoras de viaje que se ofrecen a los jóvenes muestran testimonios de esta actitud.

Mohandas Gandhi dedicó su vida a la liberación de sus compatriotas. Primero en Sudáfrica, donde se desempeñaba como abogado, luchó durante dos décadas por la igualdad de derechos de los hindúes, los que eran tratados como seres inferiores. Aun cuando al iniciar esta lucha sólo tenía 25 años, influía notablemente en las personas gracias a su clara visión de las cosas y a la pureza de sus propósitos. Su fortaleza ante la injusticia alentaba a los demás a hacer lo que jamás habrían hecho por sí solos.

A los 46 años Gandhi volvió a la India con el propósito de liberarla de la dominación inglesa. Sus únicas armas fueron la Satyagraha, o “fuerza de la verdad” y la desobediencia civil pacífica, uno de los más audaces y eficaces experimentos que registra la historia política.

Fue constantemente criticado, insultado, golpeado y encarcelado, pero su repugnancia a todo lo que fuera violencia, sus constantes ayunos y huelgas de hambre, el riesgo considerable a que estaba siempre expuesto y su testimonio de vida, que reemplazaba la desconfianza y el resentimiento con el amor y la cooperación, fueron ganándole la simpatía de su gente y debilitando al imperio británico hasta obtener para la India el carácter de una democracia independiente.

Gandhi predicó el respeto para todas las clases y castas, ya que no sólo quería ver a la India libre del dominio extranjero, sino también de las cadenas nativas que ellos mismos se habían impuesto. Según Gopal Gokhale, un sabio hindú, “tenía un maravilloso poder espiritual para convertir a los hombres mediocres que lo rodeaban en héroes y mártires”.

En la misma línea histórica de Gandhi podemos considerar a Nelson Mandela, el gran líder sudafricano del siglo XX, quien después de largos años encarcelado, logró terminar con la política de segregación contra los negros en su país. Mandela soñaba “con el día en que todos se levanten y comprendan que fueron hechos para vivir como hermanos”. Doscientos años antes, Benjamín Franklin, espíritu genial que incursionó en diferentes campos del conocimiento y que fue uno de los artífices de la independencia de Estados Unidos, había dicho que “nunca hubo guerra buena ni paz mala”.

Poco antes de morir, el inventor Alexander Graham Bell, de quien ya hemos hablado, confidenció a un periodista: “yo creo ser el hombre más rico de la Tierra. Tengo dos hijas, nueve nietos y diecinueve bisnietos. ¡Fortuna como la mía son pocos los hombres que la tienen!” El periodista lo interrogó a su vez si no lo hacía feliz el dinero. “¡Ni a mí, ni a nadie! -respondió- ¡sin paz no puede haber felicidad, por mucho dinero que se tenga! Me gusta sentar a mis bisnietos sobre las rodillas y decirles: si no puedes hacer el bien, por lo menos no le hagas mal a nadie, ni perjudiques a nadie, que es ahí únicamente donde se encuentra el secreto de la felicidad futura…”

La búsqueda de Dios

Desde que toma conciencia de sí mismo el ser humano busca respuestas sobre el origen, naturaleza y destino de su vida: ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy?

Una cultura o una época se preguntan en forma diferente que otras, la persona que trata de vivir ajustada a su conciencia se interroga de otro modo que quien no oye su voz; el que sufre dolor se pregunta de otra manera que aquel que está sano; el creyente plantea la cuestión distinto que el incrédulo; el estudiante que el obrero; el niño diferente al adulto; pero siempre se trata del mismo enigma que pide solución. Todo lo que hacemos es un requerimiento urgente a la existencia, dulce y poderoso, pidiéndole que nos revele su sentido.

Así como no podemos separar a la persona en componentes físicos, intelectuales, éticos, emocionales o sociales, tampoco podemos arrancar de la vida humana su vocación hacia lo trascendente, la admiración ante el misterio, la búsqueda de Dios. De ahí que el desarrollo integral de la persona comprende el desarrollo de su dimensión espiritual.

Entre los 11 y los 15 años, especialmente al final de esta etapa, los jóvenes pondrán en duda sus convicciones religiosas, o al menos desarrollarán una cierta apatía.

Este hecho es parte del proceso de cuestionamiento del estatus derivado de la familia, y se agudiza con la aparición del pensamiento causal y la confrontación entre el despertar sexual y las respuestas de su fe. Es una transición propia del paso de una fe recibida, infantil, a una fe personal y asumida, adulta.

Como en todos los otros ámbitos, la vida de grupo de la Unidad:

  • Es una permanente invitación a explorar, descubrir y desarrollar la sensibilidad religiosa de los jóvenes, descubriendo a Dios en los otros, en los que sufren, en las cosas creadas, en el hombre, en la historia.
  • Constituye un desafío para que los jóvenes pasen de la religión cultural, casi social, a la fe de las obras, fe viva, fe de todos los días. Se trata de traspasar la religión como dependencia tranquilizante para llegar a una fe de transformante autonomía.
  • Los anima a integrarse al proyecto de su propia comunidad creyente y les propone que con alegría sepan dar razón y testimonio de la propia iglesia.
  • Al mismo tiempo les pide que no se encierren en la defensa de su fe y se abran a la tolerancia, el interés, la comprensión y el diálogo interconfesional.

Los dirigentes de Unidad, presentes y participantes en este proceso, con su palabra y su entusiasmante testimonio, revelan, refuerzan y apoyan la búsqueda y el descubrimiento de estas opciones.

Corría el año 1509 cuando un soldado español de 24 años, que había ido a la Universidad de Sevilla, escuchaba en una iglesia de Santo Domingo la prédica del Padre Montesinos. El sacerdote católico denunciaba a los conquistadores españoles que querían apoderarse de las tierras descubiertas con la esperanza de hallar oro y hacer fortuna. Hablaba de hombres de pasiones violentas, a quienes no les importaba la propia vida y mucho menos la ajena, especialmente la de aquellos a quienes consideraban vencidos: los pueblos originarios de América, con los que no se tenía piedad ninguna. Ellos también eran hijos de Dios.

El soldado era Bartolomé de las Casas y no era muy distinto de aquellos a quienes el sacerdote denunciaba. Su corazón se turbó y se conmovió de tal manera, que posteriormente decidió hacerse religioso. Liberó a sus esclavos y dos años después, ya sacerdote, se lanzó a la lucha que duraría toda su vida: la defensa de los indios. Acompañó sin descanso a las expediciones con el solo objeto de evitar los abusos. Casi no hay país de América Latina que no recuerde su paso.

Su fama cundió y fue apodado el “Padre de los Indios”. Escribió cartas y libros que conmovieron a los reyes de España, a los que visitó personalmente más de 5 veces, logrando la promulgación de varias leyes de protección. Como las leyes no se cumplían muy rigurosamente, instruyó a los sacerdotes que negaran la absolución a quienes no restituían bienes robados o liberaban a sus esclavos. Como todo innovador social, fue acusado de traidor, loco, exaltado y charlatán, pero su vehemencia siempre logró el apoyo del Rey de España. Como a los 80 años estaba casi paralítico y no podía volver a América, seguía escribiendo y denunciando excesos desde su convento en los alrededores de Madrid, donde murió a los 92 años.

Así como el Padre de las Casas luchó por los indios en el siglo XVI, la madre Javouhey lo hizo por las personas de raza negra en las colonias francesas, en la primera mitad del siglo XIX. Fue una mujer pionera y constructora que abrió escuelas y seminarios, fundó hospitales, constituyó colonias modelos, dio origen a una congregación y viajó por todo el mundo. A su muerte dejó 900 religiosas que continuaron su obra. Su objeto era lograr un trato igualitario para todos, sin distinción de raza. Cosa parecida hizo el Bienaventurado Raimundo Lulio, quien en el siglo XIII, siendo católico, se esforzó por dominar la lengua árabe para comunicarse con los musulmanes de España y hacerles la vida más digna en los territorios que estaban siendo reconquistados por los cristianos.

Estos hechos corresponden a personas profundamente generosas, quienes han dado testimonio de su fe en Dios y han procurado mostrarnos que Dios también nos habla desde los demás, especialmente desde los que más sufren, aunque no sean de nuestra raza o no profesen nuestra fe. Es la confianza en los demás que predicaba Gandhi. Otras veces Dios nos habla desde la naturaleza que ha creado o desde nuestro propio corazón. Se necesita un poco de silencio interior para advertirlo cuando se nos muestra.

Dios también se manifiesta a través de los distintos caminos que existen para llegar a Él. Marco Polo, el gran explorador veneciano del siglo XIII, durante su larga estancia en China se admiró de la tolerancia religiosa que encontró. Cristianos, nestorianos, mahometanos, confucionistas, judíos, budistas y taoístas vivían en paz y adoraban a Dios a su manera, lo que contrastaba con las continuas guerras que se vivían en Europa.

Por razones que ignoramos, para algunos hombres y mujeres no se muestra tan fácilmente, aun cuando lo busquen toda la vida. Charles Darwin, como lo hemos dicho en otra parte, fue el creador de la teoría de la evolución de las especies y del hombre, teoría que puso en duda todas las explicaciones religiosas de la época sobre el origen de la vida. Cuando Darwin murió, su hija estaba desconsolada porque su padre había muerto sin conocer a Dios. “No te preocupes hija -respondió la madre- él no lo conocía, pero Dios lo conoce muy bien a él.”

Los dirigentes necesitan conocer variados testimonios y saber cuándo recurrir a ellos

En cada área de crecimiento hemos mencionado testimonios que nos han servido para hacer tangibles las ideas. Esos mismos relatos te permitirán motivar a los jóvenes. No son los únicos y tú puedes encontrar muchos otros testimonios, historias y anécdotas. Descubrirás más ejemplos revisando las bitácoras para los jóvenes, conversando con dirigentes que tienen más trayectoria y explorando en la asociación, en las buenas bibliotecas, en internet, en publicaciones de la Organización Mundial del Movimiento Scout.

A ti te corresponde escoger las palabras, la forma y los momentos en que esos testimonios enriquecerán tus conversaciones con los jóvenes o tus encuentros con los pequeños grupos. Salvo insistir en ello, no podemos ayudar mucho más. Tú conoces a los jóvenes y a las jóvenes de tu Unidad y, al igual que Ernest Shackleton conocía a sus hombres, sabes quién necesita ser motivado y fortalecido, cómo tienes que hacerlo y cuál es la ocasión y el lugar apropiados. En una Unidad Scout en la que siempre “se cuentan cuentos”, la atmósfera se hace más rica y el símbolo opera con fuerza: la magia del significante hace palpable el significado.

Como lo recordamos al hablar del marco simbólico, “contar es encantar, con lo cual se entra en la magia”. La frase pertenece a Gabriela Mistral, quien además decía que “no daría título de maestro a quien no supiera contar con agilidad, con dicha, con frescura y hasta con alguna fascinación”.

Los objetivos educativos se agrupan por área de crecimiento

Las áreas de crecimiento sirven para ordenar los objetivos que se proponen a los jóvenes y que luego, de común acuerdo con su patrulla y sus dirigentes, ellos convierten en sus objetivos personales.

Analicemos a continuación esos objetivos para cada área de crecimiento, la forma en que se presentan a los jóvenes y la manera en que éstos los modifican y complementan continuamente, convirtiéndolos en sus objetivos personales.