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La Promesa

La promesa es un compromiso voluntario

La Promesa es un compromiso voluntario hecho ante sí mismo, los demás y Dios, para cumplir la Ley Scout. Sus palabras y sus conceptos son sencillos y expresan el compromiso tal como lo diría naturalmente un joven.

Por la promesa nos comprometemos a hacer lo mejor de nosotros

La Promesa es un ofrecimiento voluntario y no un juramento. Por la Promesa el joven y la joven toman libremente un compromiso, no reniegan de nada ni hacen un voto de carácter militar o religioso.

El joven y la joven tampoco prometen que nunca fallarán al compromiso adquirido. Eso es imposible y significaría desconocer la naturaleza humana. Simplemente se comprometen a poner lo mejor de sí mismos en cumplir lo prometido. Pero lo prometen sinceramente, con la voluntad firme de hacer todo cuanto de ellos dependa.

Por el mismo motivo los dirigentes deben demostrar todo su buen criterio cuando se refieran al compromiso de los jóvenes. La evocación de la Promesa debe ser lo más general y clara posible, sin ironías ni veladas alusiones, tampoco utilizando palabras o gestos que hagan pensar que se duda de la honestidad del compromiso tomado. No se deben hacer reproches individuales o colectivos de ningún tipo y se recomienda que el diálogo con un joven sobre los aspectos que necesita superar sea siempre individual y privado.

Debe recurrirse a la evocación de la promesa efectuada sólo como un apoyo educativo, en momentos en que exista la mayor intimidad y apertura del grupo, poniendo en medio de la comunidad el recuerdo de los valores que justifican su razón de ser y con los cuales se ha tomado un compromiso. No es recomendable utilizar este recurso a cada momento, ya que su habitualidad le hará perder fuerza. Además, si los dirigentes se ven en la obligación de tener que hacerlo con frecuencia, eso puede ser signo de que algo de fondo no está caminado en el sistema, tanto que a cada rato se hace necesario refrescar lo prometido.

Nuestro primer compromiso es ante Dios

Dios está siempre presente en la existencia cotidiana de una Unidad Scout y se aspira a que Él también esté metido en el corazón de las nuevas inquietudes y proyectos de los jóvenes.

De ahí que, al igual que en cualquier otra actividad, el nombre de Dios en la Promesa aparece de manera natural y espontánea. ¿Cómo tomar un compromiso tan serio sin invitar a Dios como testigo?

No obstante, a Dios no sólo se le invoca como testigo, ni exclusivamente para significar que la Promesa se hace ante lo más importante que puede haber para un joven. Su presencia es parte de la relación personal que cada joven establece con Él. Es un gesto de reconocimiento del vínculo que los une. Dios, como autor de toda cosa, es el primer destinatario del compromiso, el que se hace ante Él y por Él.

Más aún, la Promesa contiene el compromiso de intensificar la relación de amistad con Dios. De ahí que lo primero que se promete es amar a Dios. El amor es un regalo que viene de Dios, es la mayor de todas las virtudes y los scouts creemos que está presente en todo lo que hacemos. ¿Cómo no retribuir a Dios su regalo respondiendo de la misma manera a Su amor?

Cuando un joven dice que promete amar a Dios no dice que Él es el único destinatario de su amor, sino que promete orientar su vida por el amor: amor a los demás, a su familia, a sus amigos, a las cosas creadas, a su país. El amor lo es todo. El amor basta. Por eso el que ama crece como persona y se acerca más a Él.

Por cierto que la visión del amor a Dios variará en los jóvenes según su opción religiosa. Sin embargo, en la mayoría las religiones el amor a Dios es visto de la manera en que ha sido presentado en los párrafos anteriores.

Nos comprometemos con nuestro país y con la paz

Un país es antes que todo un territorio, un pedazo de tierra que nos vio nacer o que nos acogió en un momento de nuestra vida, o por el cual tuvimos razones para optar. De ahí que servir a mi país es, en primer lugar, servir a la tierra en que vivimos, al espacio natural que ocupamos en medio del ancho mundo. Servir al país es entonces proteger la naturaleza, darle más fertilidad al suelo, mantener puro el aire y limpia el agua, eliminar la basura, no contaminar, en una palabra, proteger el entorno en que vivimos.

Un país es también una determinada gente que, al igual que nosotros, habita el mismo pedazo de tierra. ¿Cómo servir a la tierra sin tener un compromiso con su gente? De ahí que servir a mi país es también tomar un compromiso con la justicia como fundamento de la paz, con los que más sufren, con los pobres, con los marginados, con los segregados y postergados. Es así como la expresión servir a mi país se convierte en solidaridad con su gente.

Además, un país es una determinada herencia cultural, una forma en que la gente ha construido historia en torno al pedazo de tierra que habita. ¿Cómo amar la propia tierra y su gente sin amar las raíces culturales que están en nuestro origen? Por eso, servir a mi país significa también amor a la música, a las tradiciones, al lenguaje, a los estilos culturales que forman parte de nuestra identidad. Significa reconocerlos, incrementarlos y estar orgulloso de ellos.

Siempre existe el riesgo que el orgullo por el propio país se entienda como excluyente, como un amor que encuentra su justificación en la ficción infantil de que mi país es el mejor o mi raza es superior a las otras. Se puede ser fiel a las propias raíces sin discriminar ni menospreciar la cultura de otros pueblos. Por eso la Promesa es también un compromiso para trabajar por la paz. Trabajar por la paz significa abrirse a las realidades internacionales, valorar la diversidad, comprender las otras culturas y superar los prejuicios racistas o nacionalistas.

Al hacer su Promesa los jóvenes deben ser invitados a comprender todas las dimensiones de estas expresiones y a comprometerse con lo que ellas significan. Una persona que sirve a su país y que trabaja por la paz no se improvisa. Ella se forma en una cultura que desde su infancia le permitió experimentar esas dimensiones.

Prometemos que la Ley Scout será parte integrante de nuestra vida

Por último, la Promesa es la manera en que los jóvenes se comprometen con la Ley Scout. El compromiso no consiste en saber la ley de memoria, ni en recitarla sin repetir ni equivocarse, ni en conocer el estricto orden o número de sus artículos, ni siquiera en respetarla o sólo “cumplirla”, como si se tratara de una norma externa similar a las leyes del tránsito.

El compromiso con la Ley Scout es algo más. Se trata de vivir la Ley Scout, esto es, hacer que ella se integre a nuestras convicciones y a nuestra forma de ser como si fuera parte de nuestros músculos y de nuestro torrente sanguíneo. Si los valores se encarnan de esa manera, entonces la Ley se reflejará naturalmente en nuestra personalidad, en nuestras actitudes y en nuestro comportamiento, sin necesidad de fingir ni aparentar. Eso es pasar de la moral convencional a la autonomía moral. Y de eso se trata.

También es bueno decir que vivir la Ley Scout no sólo es una promesa que se hace para nuestra juventud o mientras se permanece en el Movimiento Scout. El compromiso se hace para toda nuestra vida, en el Movimiento Scout y fuera de él, para cuando se es joven y para integrarlo a nuestra vida adulta. Es lo que muchos viejos scouts recuerdan cuando dicen:

“Una vez Scout, siempre Scout”

Hacer la promesa es momento muy importante en la vida de los scouts

Tampoco la Promesa se hace en un momento cualquiera. Hay que dar a la petición del joven la importancia que se merece, creando un momento especial, un lugar apropiado y tomándose un cierto tiempo para su preparación. El momento de la Promesa se comunica a la Unidad, a los amigos y a la familia y se organiza una pequeña ceremonia.

Esta ceremonia no es aparatosa ni grave. Carece de todo componente que la haga aparecer un rito para iniciados. Es sencilla a la vez que solemne. Es una verdadera celebración, en que la Unidad, y el ambiente en que actúa, festejan el hecho que un joven o una joven están dispuestos a asumir y cumplir un compromiso que libremente han querido tomar.

Algunas tradiciones acostumbran entregar la pañoleta sólo después que se ha formulado la Promesa, pero eso no es apropiado, ya que el pañuelo es un elemento que forma parte del uniforme, y no simboliza compromiso. El único símbolo apropiado es la entrega de la insignia de Promesa, que el joven y la joven ostentan en su uniforme indicando que han tomado un compromiso.

Los propios jóvenes deciden si están preparados para comprometerse

La Promesa no tiene un momento determinado para ser hecha ni está vinculada a las etapas de progresión personal de los jóvenes. Simplemente se hace cuando el joven, una vez terminado su período de introducción, se considera preparado y pide a su Consejo de Patrulla que la acepte. Los dirigentes no deben dudar ni discutir el propósito de esa petición; ni posponen, aunque sea por muy buenas razones, la realización de una Promesa que ha sido propuesta por el Consejo de Patrulla.

El lema recuerda la promesa efectuada

El lema de los scouts está estrechamente ligado a la Promesa:

¡Siempre Listo! ¡Siempre Lista!

Es casi un grito, una voz de alerta, una evocación de la Promesa, por el cual los jóvenes recuerdan ante sí mismos que han tomado un compromiso con la Ley Scout.

No es conveniente manosear el lema invitando a los jóvenes a que lo proclamen a cada rato. Es para momentos importantes: una despedida, el cierre de una reunión, la partida de un campamento, el inicio de un día. Corear el lema equivale a una renovación de la Promesa y hay que darle a esa renovación simbólica el valor que tiene.

La buena acción es un testimonio del compromiso adquirido

La buena acción que los jóvenes scouts se proponen hacer todos los días está muy unida a la Promesa y al lema.

La buena acción es una invitación a actuar, a convertir el compromiso en hechos concretos. No basta corear el lema y repetir que uno tiene un compromiso. Hay que hacer cosas que reflejen que se está actuando de acuerdo a ese compromiso y a ese lema.

Los gestos de servicio que los jóvenes ofrecen a los demás y las modestas ayudas que prestan cada día, constituyen una invitación a manifestar su espíritu de servicio, una demostración de que están siempre listos.

Puede que estas buenas acciones diarias no sean muy significativas desde el punto de vista del adulto. La verdad es que eso no tiene mucha importancia. Este recurso educativo no fue ideado para que los scouts resuelvan complejos problemas sociales, sino más bien para mantener en ellos una disposición permanente de servicio hacia los demás. Se trata de combatir la indiferencia y poner de manifiesto la importancia de las otras personas.

En un principio puede resultar artificial tener que hacer cada día una buena acción en beneficio de los demás. Eso tampoco importa mucho, ya que poco a poco esta actividad irá generando una actitud, y cuando eso ocurra, el espíritu de servicio se habrá convertido en una manifestación espontánea del carácter del joven, enteramente integrada en su personalidad.

La oración scout pide la fuerza necesaria para cumplir el compromiso

Cualquiera sea su fe religiosa, todos los scouts del mundo han adoptado como propia esta hermosa oración:

Sus palabras denotan una entrega total al concepto del amor, que cruza transversalmente todas las propuestas de la Ley y de la Promesa y que pide a Dios la fuerza necesaria para cumplir lo prometido.