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La Patrulla como Grupo Informal

El método scout privilegia el carácter informal de la patrulla

Aun cuando los grupos informales no tienen tareas específicas estructuralmente diseñadas, suplen muchas de nuestras necesidades psicológicas más básicas, a tal punto que se convierten en parte integrante de los diferentes contextos en que desarrollamos nuestra vida adulta.

Los grupos son, ante todo, un medio para satisfacer nuestras necesidades de afiliación, es decir, nuestras necesidades de pertenencia, amistad, apoyo moral y afecto.

El prototipo original de estos grupos, conocido como “grupo primario”, es la familia, que nos proporciona la afiliación básica. Sin embargo, en cualquier edad, seamos jóvenes o adultos, descubrimos que necesitamos grupos de amigos, de compañeros de trabajo, de recreación y muchos otros que satisfacen estas necesidades.

Estos grupos son mucho más determinantes entre los 11 y los 15 años, en que, iniciando la adolescencia, el joven o la joven necesitan ser parte de algo, reconocerse y ser reconocidos. Cuando un joven forma parte de una patrulla, su vida y las vidas de los otros se entremezclan: se preocupa por sus compañeros y, lo más importante, ellos se preocupan de él. Su ausencia será notada, su contribución es apreciada.

Son un medio para desarrollar, incrementar y confirmar nuestro sentido de identidad y mantener nuestra autoestima. También es la familia donde se inician estos procesos básicos, pero los grupos se convierten en un refuerzo importante para determinar o confirmar el concepto que tengamos de quiénes somos, de qué tan valiosos somos y, por consiguiente, qué tan dignos nos sentimos.

La patrulla scout, no sólo a través de su vida interna, sino también mediante sus símbolos, sus insignias, sus tradiciones y otras manifestaciones externas, ayuda a sostener la identidad y la dignidad de los jóvenes.

Sirven para establecer y comprobar la realidad social. Podemos reducir la incertidumbre que nos produce el medio social discutiendo con otros los problemas que se nos presentan, buscando perspectivas comunes y tratando de llegar a un consenso sobre la forma de resolverlos.

A través del estilo propio de su patrulla, de sus actividades, de sus juegos y del diálogo permanente que se sostiene en su interior, los jóvenes desarrollan una forma personal de participar sin temores e integrarse en el mundo.

También son útiles para reducir la inseguridad, la ansiedad y la sensación de impotencia. Mientras más personas están a nuestro lado más fuertes nos sentimos y menos ansiedad e inseguridad nos produce el peligro, lo nuevo o lo desconocido. Mucho más aún si, como los jóvenes adolescentes, vivimos una etapa en que estamos creando nuevas modalidades de ajustarnos a la vida.

Es un medio por el cual sus miembros pueden resolver sus problemas o enfrentar ciertas tareas que se deben realizar. El grupo sirve para recoger información, escuchar, ayudar a alguien, tener otras perspectivas, conocer gente diferente y, al momento de decidir hacer algo, distribuir las responsabilidades y apoyar los resultados en los talentos individuales.

Todos estos aspectos se logran si mantenemos la naturaleza informal de la patrulla, esto es, su libre integración, su carácter permanente y su identidad propia como grupo de jóvenes que disfrutan su amistad.

El ingreso a la patrulla es voluntario

Este es un elemento de la esencia de un grupo informal. El hecho de pertenecer o no a una patrulla es un acto que depende de la propia elección de un joven o de una joven y de la aceptación del resto de sus integrantes. Los jóvenes prefieren compartir con las personas que les gustan, con quienes se sienten cómodos, con amigos de intereses similares. Cada scout debe estar en la patrulla en la que se siente aceptado y capaz de operar.

Esta libertad de integración significa al mismo tiempo que los jóvenes pueden moverse a otra patrulla si ambas están de acuerdo con su traslado. Esto implica que las patrullas no siempre serán unidades establecidas o formalizadas y que es frecuente que en una Unidad haya patrullas disparejas en número y fuerza.

Este dinamismo y heterogeneidad resultan incómodos para algunos dirigentes, ya que cuando se trata de conducir las actividades desde la perspectiva de la Unidad, esto es, desde la visión de conjunto de las 4 ó 5 patrullas que la conforman, se tiende a que sean relativamente equivalentes.

Pero esa forma de actuar no es propia del sistema de patrullas. Lo importante es que las patrullas sean auténticos grupos de amigos y no que la Unidad se vea uniforme o equilibrada. Hay que aprender a representarse la Unidad como una federación de patrullas disímiles, pero cada una de ellas coherente respecto de sí misma.

La libre integración determina la forma de ingreso

En virtud del principio de libre integración, cuando se crea una nueva patrulla o se inicia una Unidad a partir de una patrulla, lo apropiado es detectar una pandilla o grupo natural de amigos e invitarlos a integrarse al Movimiento y transformarse en una patrulla scout. Aún más, ése es el método ideal para continuar creciendo.

Cuando por distintas circunstancias una patrulla ha reducido el número de sus miembros y se ve necesario completarla con nuevos integrantes, lo normal es que los propios jóvenes inviten a otros amigos a incorporarse.

Si los nuevos integrantes provienen de la Manada del mismo Grupo Scout, hay que advertir previamente a las patrullas, de manera que éstas tengan la oportunidad de conocer a los futuros scouts, crear vínculos personales, discutir su eventual ingreso y lograr el interés del candidato. Es un proceso de reconocimiento y negociación que se produce “entre los jóvenes”.

En el caso de un joven o una joven que vienen de fuera del Grupo Scout y que desean ingresar a la Unidad sin tener vínculos de amistad con alguno de los miembros de las patrullas, lo recomendable es que los dirigentes sugieran o propicien caminos para que esos vínculos se produzcan. Esta circunstancia ocurre cuando un joven llega porque lo traen sus padres, o porque le ha sido sugerido por un profesor o simplemente por propia decisión, ya sea debido al prestigio adquirido por la Unidad en la comunidad local o porque ha visto lo que hacen los scouts y quiere ser uno de ellos.

Felizmente los jóvenes hacen amistades con cierta rapidez, lo que facilita la integración. En todo caso, tres condiciones deben reunirse conjuntamente: deseo del interesado, existencia de un vínculo de amistad y aceptación de la patrulla.

Lo erróneo en todos estos casos sería reestructurar y remendar patrullas a iniciativa de los dirigentes, o realizar campañas de incorporación masiva desde la Unidad, o “distribuir proporcionalmente” entre las distintas patrullas los lobatos o lobeznas que se incorporan desde la Manada, o recurrir a métodos de multiplicación celular que arman y desarman patrullas cada cierto número de meses.

Todos esos hábitos han demostrado ser muy efectivos para destruir el sistema de patrullas, quitándole al pequeño grupo su carácter de grupo informal de amigos y, lo que es peor desde el punto de vista de los objetivos del Movimiento, impidiendo que funcione como comunidad de aprendizaje.

“El propósito principal del sistema de patrullas es asignar verdadera responsabilidad al mayor número posible de jóvenes, con el ánimo de desarrollar su carácter. Si el dirigente de Unidad da a sus Guías de Patrulla plena autoridad, si espera mucho de ellos y les deja libertad de acción para cumplir su función, habrá hecho más por fortalecer el carácter de esos jóvenes que lo que jamás pudiera hacer cualquier cantidad de instrucción escolar.” (Baden-Powell, Orientaciones para la tarea del dirigente scout, 1919).

La patrulla es un grupo cohesionado de carácter permanente

No obstante lo dicho sobre libre integración, la patrulla no es una estructura ocasional diseñada para el logro de un objetivo inmediato. Es un grupo estable con miembros estables, que a través de la vivencia y la acción de sus integrantes construye una historia, establece tradiciones y pone en común su compromiso, lo que se transmite progresivamente a los nuevos integrantes de la patrulla.

La estabilidad del grupo de amigos depende casi exclusivamente de su cohesión. La cohesión es la fuerza que hace que los miembros del grupo permanezcan unidos y sea superior a las fuerzas que intentan separarlos. La cohesión es lo que hace que los jóvenes se sientan atraídos entre sí y orgullosos de pertenecer a su patrulla.

Contribuye a la cohesión del grupo el hecho que los objetivos de la patrulla y los de sus miembros sean coincidentes, que el liderazgo impreso por el Guía sea participativo, que el grupo obtenga éxito en la ejecución de las tareas que se ha propuesto, que los roles internos se desempeñen de acuerdo a lo previsto, que las opiniones de todos sean escuchadas, que las actividades realizadas sean atractivas, que los jóvenes observen que su patrulla les ayuda a lograr sus objetivos personales, que el interés que los reúne se mantenga vigente y otros factores similares.

Dicen relación con esta cohesión algunos aspectos importantes de las patrullas: el número de integrantes, su edad, su homogeneidad de intereses y la elección apropiada de actividades y tareas.

No menos de 5 ni más de 8 integrantes

No existe un “número ideal” de integrantes de la patrulla, pero la experiencia recomienda que no sea inferior a 5 ni superior a 8. Dentro de esos márgenes, el mejor número es el número de integrantes que tiene el grupo de amigos o el que ellos consideran o se han propuesto como su óptimo. Las patrullas no funcionan mejor o peor dependiendo de su número de integrantes, sino de su cohesión interna. Es esta última la que debiera determinar su mejor número y nadie sabe mejor eso que los propios jóvenes que integran la patrulla.

Según la edad, las patrullas pueden ser verticales u horizontales

La patrulla vertical integra jóvenes de las diversas edades que comprende la etapa scout, por lo que sus integrantes están viviendo diferentes momentos de su desarrollo. Esta heterogeneidad de edades puede constituir una dificultad para que en el seno de la patrulla se produzca una comunión de intereses y se realicen actividades adaptadas a la edad de todos sus integrantes.

Sin embargo, esta diversidad permite el acompañamiento de los más nuevos por los más antiguos, los que aportan su experiencia para ayudarles a enfrentar y superar los desafíos que parecieran estar fuera de su alcance. Este acompañamiento genera una interacción entre mostrar y emular, facilitando el aprendizaje, enseñando a trabajar en equipo y contribuyendo al crecimiento de los más jóvenes.

La patrulla horizontal reúne a jóvenes de una edad similar, por lo que sus tareas de desarrollo serán bastante parecidas. Esta circunstancia facilita la integración entre los jóvenes y la realización de actividades que resulten atrayentes para todos. No produce con igual intensidad el acompañamiento que permite la patrulla vertical y, al egresar todos sus integrantes en un período relativamente corto, dificulta la creación de tradiciones y la continuidad de la patrulla con nuevos integrantes.

Muchas Unidades analizan largamente por cuál de estas dos modalidades pudieran optar. Sin embargo, en un sistema de patrullas que respeta la libre integración, no existe para los dirigentes la posibilidad de optar entre una u otra alternativa. Simplemente una u otra se dan según cómo se producen las circunstancias o evolucionan las patrullas, y con esos hechos hay que trabajar.

La verticalidad u horizontalidad de una patrulla sólo tiene relevancia para que los dirigentes sepan cuáles serán sus puntos fuertes y los aspectos en que necesitará más apoyo. No nos imaginamos a un dirigente de Unidad rechazando la integración en patrulla de un grupo de amigos de edades diversas, fundado en que “en esta Unidad sólo tenemos patrullas horizontales”. O a la inversa, “rellenando” con lobatos recién egresados de la Manada una patrulla bien cohesionada de jóvenes de 14 a 15 años, con el argumento que es necesario “recuperar la verticalidad” de esa patrulla.

Para resolver dificultades como las puestas en los casos anteriores, el único camino es que la propia patrulla resuelva su contingencia sin que los dirigentes interfieran su cohesión interna. En el ejemplo de la patrulla de jóvenes de 14 o 15 años, un comentario de los dirigentes sobre la continuidad histórica de la patrulla bastará para que sus integrantes se sensibilicen y busquen ellos mismos la integración progresiva de amigos de menor edad.

En la patrulla se necesita homogeneidad de intereses

Como todo grupo de amigos, es natural que la patrulla tenga un número variable de miembros y que pueda ser heterogénea en cuanto a la edad de sus integrantes. Sin embargo, contribuirá a su cohesión y estabilidad que los jóvenes tengan una cierta homogeneidad de intereses y trayectoria personal, como también un consenso mínimo en torno a los valores básicos y a los objetivos que orientan su actuación en común. Las diferencias en este sentido harán más lenta o difícil la comunicación y la efectividad de la patrulla.

Siendo amigos, es probable que esta homogeneidad preexista o se haya creado rápidamente entre ellos, aunque no se debe olvidar que es frecuente que entreguemos afecto y seamos amigos de personas muy distintas a nosotros. Si bien la trayectoria personal de cada uno es un dato inmodificable, la identidad de intereses y el consenso en torno a valores y objetivos es algo que se adquiere en la misma patrulla durante el proceso de aprendizaje. En todo caso, este es un factor importante que los responsables de la Unidad y el Guía de Patrulla deberán considerar en su trabajo con el pequeño grupo.

Actividades y tareas deben ser apropiadas

La elección de actividades a realizar por parte de la patrulla debe ser proporcional a sus recursos humanos y materiales disponibles; y la asignación de tareas entre sus miembros debe guardar relación con sus habilidades y destrezas. Si las actividades no son lo suficientemente desafiantes y las tareas son mínimas, faltará motivación. Y si las actividades exceden la capacidad de la patrulla o las tareas son muy exigentes, se desarrollará una sensación de frustración. Ambos sentimientos afectarán la cohesión del grupo y, en consecuencia, su estabilidad.

Este ajuste entre actividades, tareas y recursos disponibles, es parte del aprendizaje de la patrulla, que se interioriza mediante el proceso continuo de ensayo y error. De no lograrse avances en este aspecto, es tarea de los responsables de la Unidad apoyar al Guía de Patrulla para que cree las condiciones que permitan al grupo hacer este ajuste.

La patrulla tiene identidad propia

La identidad de una patrulla como grupo informal es su conciencia de ser de una determinada manera a través del transcurso del tiempo y a pesar de las diferentes situaciones que se le puedan presentar. Dicen relación con su identidad su estructura interna, su estatus y roles, sus normas, su liderazgo y sus símbolos de pertenencia.

La estructura interna es flexible

En todas las patrullas existe un tipo de estructura interna de carácter espontáneo que evoluciona continuamente. Los jóvenes se diferencian en edad, en experiencia, en temperamento y todos ellos llegan a ocupar y a acomodar distintas posiciones en el grupo a medida que se conocen, que crecen, que los miembros más antiguos egresan o que se incorporan nuevos integrantes.

El modelo de relación que existe entre las distintas posiciones constituye la estructura del pequeño grupo. Cualquier proposición de estructura proveniente del exterior, ya sea de la voluntad de los dirigentes, o de la “tradición de la Unidad” o de las normas institucionales, debe siempre respetar esta realidad propia de los grupos informales y ser flexible, de manera que cada patrulla la pueda utilizar o adaptar según su estructura espontánea lo permita.

Mientras menos rígida sea la estructura formal propuesta desde la Unidad, más se protegerá el carácter de grupo informal de la patrulla. Y ya sabemos que mientras más se proteja a la patrulla como grupo informal de amigos, mejor cumplirá la misión que el método le ha asignado como comunidad de aprendizaje. La eficacia del sistema de patrullas depende mucho de que los dirigentes no olviden nunca esta aparente paradoja.

La patrulla tiene una sola estructura formal: El consejo de patrulla

El Consejo de Patrulla se recomienda como una instancia formal de toma de decisiones relevantes, en el que participan todos los miembros de la patrulla bajo la presidencia del Guía de Patrulla. Sus reuniones pueden realizarse cada vez que la patrulla lo estime necesario, sin que su excesiva frecuencia lo convierta en la reunión habitual de patrulla, que es más bien de carácter operacional. Los acuerdos del Consejo pueden registrarse en el Libro de Oro o Libro de Patrulla.

Los asuntos que se analizan en el Consejo deben ser relevantes, tales como:

  • Aprobación de las actividades de la patrulla para un ciclo de programa y de las actividades que propondrá para ser realizadas por la Unidad.
  • Evaluación de las actividades de patrulla y de las de larga duración.
  • Contribuir con sus comentarios a la autoevaluación de cada joven.
  • Elección del Guía y Subguía de Patrulla.
  • Determinación y asignación de cargos en la patrulla y evaluación de su desempeño.
  • Administración de los recursos de la patrulla.

El estatus que los jóvenes se asignan determina los roles y tareas internas

El estatus es la posición que a una persona se le reconoce por los demás dentro del grupo. Mientras en los grupos formales el estatus se basa por lo general en la posición ocupada en la organización formal, en los grupos informales el estatus puede estar basado en cualquier circunstancia relevante para el grupo. En la patrulla los jóvenes se asignan estatus entre ellos según la edad, la antigüedad, la experiencia, los vínculos afectivos, las condiciones personales y las habilidades específicas.

Este estatus asignado casi siempre determina el jerárquico formal. De acuerdo a eso, las patrullas acostumbran designar a todos sus miembros en distintos cargos relativamente permanentes:

Guía

Ejerce el liderazgo principal, coordina a la patrulla y la representa en el Consejo de Unidad.

Subguía

Reemplaza al Guía, hace equipo con él y también representa a la patrulla en el Consejo de Unidad.

Secretario

Encargado de mantener el Libro de Patrulla, tomar nota de los acuerdos y recordar a todos los miembros sus compromisos y plazos.

Tesorero

Administra los recursos f inancieros de la patrulla.

Encargado del Equipo

Juega un papel importante en la organización de la patrulla.

Cocinero

Se preocupa que la patrulla cocine cada vez mejor comidas variadas.

Enfermero

Mantiene el botiquín de patrulla y se preocupa porque todos conozcan las principales normas de seguridad y primeros auxilios.

Responsable de Juegos

Conoce muchos de ellos y siempre tiene un juego oportuno que proponer.

Responsable de Expresión

Se encarga de los cantos y de que se preparen buenas representaciones artísticas.

Otros

Son los que surgen espontáneamente de las necesidades de organización de la patrulla.

Los jóvenes rotan en estos cargos cada cierto tiempo, sin perjuicio que si el Consejo de Patrulla lo estima conveniente, puedan ser reelegidos. No es conveniente establecer períodos fijos, dejando que la evaluación interna regule este aspecto, cuidando sí que se mantenga una cierta estabilidad en los cargos.

Paralelamente, se asignan tareas dependiendo de las actividades que se desarrollan. Cargos y tareas son una oportunidad para ejercer responsabilidades, incorporar conocimientos, asumir actitudes y adquirir habilidades. La práctica de estos roles, su evaluación continua y los ajustes que se introducen, constituyen un aprendizaje progresivo.

Sin embargo, las principales dificultades al interior de la patrulla se producen cuando la percepción de estos roles se distorsiona o es inexacta. Las diferencias surgen entre las conductas que los demás esperan de quien ejerce un rol (rol esperado), las conductas que quien ejerce un rol cree que debe asumir (rol percibido) y el comportamiento que realmente ejerce (rol representado).

La cohesión de la patrulla, y por ende su estabilidad y permanencia, dependen de la coincidencia entre estos tres tipos de roles. Los desajustes entre ellos normalmente generan conflictos y es necesario que el Consejo de Patrulla, al evaluar, introduzca los cambios y adaptaciones que restituyan el buen funcionamiento.

Las normas implícitas de los jóvenes crean la cultura interna de la patrulla

Las normas de un grupo informal son los estándares que comparten sus miembros y que se presentan como importantes para ellos. Habitualmente se crean teniendo en cuenta los aspectos que son más significativos para sus integrantes. Todos los grupos informales de jóvenes tienen una gran variedad de normas que se comunican de manera verbal y no escrita, y que en muchos casos ni siquiera están explícitamente definidas, pero que, de alguna manera, son conocidas por todos los integrantes.

Aparte de las normas fundamentales contenidas en la Ley Scout, y que dicen relación con aspectos trascendentes, la patrulla se dará naturalmente muchas otras normas referidas a su forma de funcionar. Estas normas conforman lo que podríamos llamar la cultura interna de la patrulla, que cambia a medida que la patrulla evoluciona y que se expresa muy claramente cuando los jóvenes dicen que “así hacemos las cosas en nuestra patrulla”.

Esta cultura interna se refleja, por ejemplo, en la manera en que realizan sus reuniones, en el tiempo que dedican a su patrulla, en el estilo de su Libro de Patrulla, en la forma en que mantienen su equipo, en el mayor o menor orgullo que sienten por ser de esa patrulla, en las relaciones existentes con el Guía y entre los integrantes, en lo mucho o poco que se imitan entre ellos, en la puntualidad y en la responsabilidad, en la mayor o menor reserva que le atribuyen a sus acuerdos, en la estructura que se dan internamente, en aquello que les parece normal y en lo que consideran inaceptable, en sus gustos personales, en las relaciones entre hombres y mujeres.

Es importante conocer que en todos los grupos informales ocurren algunos fenómenos interesantes con relación a la norma, entre los cuales se destacan los que se conocen como la identificación, el contagio y la inspiración.

La identificación es un mecanismo por el cual, para ser aceptado como uno más del grupo, sus miembros adoptan de forma inconsciente las normas y actitudes comunes. Eso hace que se sientan semejantes y disminuye el temor a ser rechazados como “extraños”. El contagio, por su parte, hace que las normas y actitudes de un miembro sean trasmitidos por imitación a los otros. Una vez que dos o más integrantes actúan de determinada forma, es normal que ese comportamiento sea adoptado también por los demás. Por último, la inspiración se caracteriza por la aceptación natural de las normas y actitudes demostradas por el líder o por quienes detentan una posición considerada como “superior”.

En la patrulla estos fenómenos también acontecen. Para sentirse perteneciente a su patrulla, el joven o la joven hace cosas semejantes a las que hace el grupo, imita y sigue los ejemplos de sus amigos y acoge naturalmente las reglas establecidas por el líder. Estos fenómenos no son buenos ni malos, simplemente son. Pero es tarea de los dirigentes lograr que los Guías de Patrulla los conozcan, aprendan a manejarlos y traten de evitar que su excesiva ocurrencia limite la generación de normas en forma libre, consciente y consensuada, proceso que es parte de la formación de la conciencia personal y de la autonomía.

Existe identidad entre las normas de los grupos informales y la Ley Scout

Investigaciones científicas han confirmado que entre las normas aceptadas en los grupos informales de jóvenes, incluso en las pandillas delictivas, están las que fomentan la confianza mutua basada en la verdad, la lealtad y el compromiso entre sus miembros. Se podrá observar la impresionante coincidencia que existe entre esas normas y los valores contenidos en varios artículos de la Ley Scout.

¿Y esto por qué? Porque la Ley Scout ha sido concebida por el fundador del Movimiento no sólo bajo la orientación de los principios scouts, sino también atendiendo a las aspiraciones de los jóvenes. De ahí que la primera propuesta del método scout a las patrullas es que hagan suya la Ley y la consideren entre sus normas fundamentales. A partir del momento en que los jóvenes aceptan en sus vidas la Ley Scout, la patrulla comienza a jugar su doble papel como grupo de amigos y comunidad de aprendizaje.

Se podrá argumentar que esta especie de inducción de los valores de la Ley Scout entre las normas de la patrulla, supone una intervención en la informalidad del pequeño grupo desde la formalidad de la organización. Esto no debiera llamar la atención tratándose de un movimiento educativo. Sin embargo, es de tal manera coincidente la Ley Scout con los sentimientos y aspiraciones de los jóvenes y con las normas que espontáneamente reconocen en sus grupos informales -como las investigaciones lo han demostrado- que la intervención es mínima, especialmente comparada con los beneficios que otorga disponer de un código elemental escrito que guía la vida de los jóvenes.

Tan importante como tener un código es el hecho que éste sea autoimpuesto, ya que en virtud de eso el joven pone a su conciencia como maestro y juez de su vida. Es la aceptación de este código lo que constituye la inmensa ventaja comparativa de la patrulla respecto de cualquier otro grupo informal.

En todo caso, la adopción de la Ley Scout siempre pasa por la experiencia personal. Cuando una experiencia es gratificante, es decir, cuando produce buenos resultados, tiende a ser repetida. Si un joven orienta continuamente sus actitudes por los valores de la Ley Scout y haciendo eso se siente gratificado por actuar de acuerdo a lo que piensa y obtiene el reconocimiento de los demás, progresivamente incorporará esos valores en su comportamiento. A través de este proceso la Ley Scout deja de ser algo externo para transformarse en código personal de vida.

El guía de patrulla es elegido y juega un rol relevante

El liderazgo interno de la patrulla está determinado por el estatus que los mismos jóvenes se asignan entre ellos. Por eso el Guía de Patrulla es elegido por los jóvenes y, si el Consejo de Patrulla en vez de elegir al Subguía le pide al Guía que lo designe, éste debiera designar a aquel a quien la Patrulla le asigna la función de segundo. Guía y Subguía representan a la patrulla en el Consejo de Unidad.

La existencia de un líder en el pequeño grupo es una característica esencial. El joven que se convierte en líder es un integrante muy respetado, que sigue siendo uno más de la patrulla, pero que cumple ciertas “funciones críticas”:

  • Contribuye a que la patrulla consiga sus objetivos.
  • Permite que los miembros satisfagan sus necesidades.
  • Es un mediador en los conflictos del pequeño grupo.
  • Da cuerpo a los valores de la patrulla: el líder personifica los valores, motivos y aspiraciones de los demás jóvenes.
  • Es un iniciador de las acciones de la patrulla.
  • Se esfuerza por mantener su cohesión.

Baden-Powell destacó la relevancia del Guía de Patrulla y señaló que “el Guía es responsable por la eficiencia, ingeniosidad y buen tono de su patrulla. Los scouts de su patrulla lo siguen no por miedo a un castigo, como ocurre con frecuencia en la disciplina militar, sino porque constituyen un equipo que actúa en conjunto y respalda a su líder por el honor y el éxito de la patrulla.” (Movimiento Scout para jóvenes, 1908). En otro de sus libros definió claramente que “el Responsable de Unidad trabaja por medio de los Guías de Patrulla.” (Orientaciones para la tarea del dirigente scout, 1919).

En un artículo publicado anteriormente, hablándole a los dirigentes, ya había afirmado la misma idea: “Para obtener los mejores resultados con el sistema de patrullas, deben depositar verdadera y completa responsabilidad en los Guías de Patrulla. Si sólo se les asigna una responsabilidad parcial, los resultados también serán parciales.” (Gaceta de la Oficina Nacional, mayo de 1914).

El líder no es un joven encantador que hace el gusto de los dirigentes, ni uno que lo sabe todo. En la medida que es posible esperarlo a su edad, requiere visión, objetivos claros, capacidad de comunicación y voluntad para trabajar y cooperar, tanto hacia el Consejo de Unidad y el equipo de dirigentes, como hacia sus compañeros de igual o menor madurez. Centra su actividad en iniciar diálogos que fomenten y mantengan compromisos orientados a la cooperación en las acciones proyectadas. Debe ser a la vez abierto, animando el espíritu común; y fuerte de carácter, interviniendo para conseguir los objetivos que la patrulla se ha propuesto.

Hay que tener presente que el liderazgo no sólo lo ejerce el Guía de Patrulla. Algunos integrantes de la patrulla, dependiendo de sus actitudes y habilidades y de la actividad de que se trate, aportan liderazgo en circunstancias específicas, el que varía de intensidad según la situación.

La patrulla posee símbolos de pertenencia

Los principales símbolos de la identidad de una patrulla son su nombre, su local y su Libro de Oro.

Mediante la elección de un nombre la patrulla afirma su individualidad, el sentido de pertenencia de sus miembros y su autonomía. Normalmente se elige un animal que representa ciertos atributos por los cuales los integrantes de la patrulla desearían ser reconocidos.

El rincón de patrulla es un espacio que debiera ser exclusivo, como manifestación básica de la apropiación de territorios que es particular en esta edad. El rincón es acomodado y decorado según los gustos e intereses de los integrantes de la patrulla y refleja la dedicación que ellos le entregan a este espacio personal y privado. En el local se realizan las reuniones de la patrulla y en él se guardan sus equipos y demás pertenencias. Cuando la patrulla acampa con toda la Unidad, esta necesidad de un espacio propio debe reflejarse en la elección de los sitios de patrulla por parte de los jóvenes, los que deben ser lo suficientemente independientes unos de otros, y así permitir intimidad y vida propia.

El Libro de Oro o Libro de Patrulla es un libro mantenido con cierta calidad artística y en él se registran todos los hechos y sucesos importantes de la vida de la patrulla y de sus miembros. Encierra la historia de la patrulla, la que se siente orgullosa de su pasado, quiere dejar constancia de su presente y desea transmitir a sus futuros integrantes las experiencias vividas. Es un libro privado, que se guarda en un lugar especial y sólo si la patrulla lo desea se exhibe a otras personas. La responsabilidad de mantenerlo actualizado se asigna periódicamente a un miembro de la patrulla, aunque todos escriben en él.

Espontáneamente las patrullas generan otros elementos simbólicos, tales como grito, lema, banderín, himno, colores, códigos secretos, silbido de reconocimiento y muchos otros. Sin dejar de respetar las iniciativas de los jóvenes, los dirigentes deben fomentar en este sentido una cierta sobriedad y elegancia de las patrullas, procurando que no se recarguen sus símbolos de pertenencia de elementos artificiales que los presenten como grupos herméticos o infantiles.

La patrulla es un espacio para compartir con los amigos

Al completar el análisis de la patrulla como grupo informal, debemos insistir en que la principal motivación de los jóvenes para pertenecer a ella es compartir con un grupo de amigos. Este es su signo distintivo y nunca debe perderlo.

Por distintos motivos una patrulla puede demorarse en cumplir los objetivos educativos que de ella esperamos los dirigentes, como también declinar en su rendimiento, pero si se mantiene como una comunidad de amigos felices de estar juntos, siempre tendrá posibilidades de recuperarse y lograr todos sus propósitos. La alternativa contraria no existe. No es posible que una patrulla funcione como un “ámbito de aprendizaje” si no es una “forma de organización” basada en la amistad.

La patrulla es un lugar donde prima el afecto y, para ser real, el afecto se ha de experimentar. Esto será reforzado en la medida en que los dirigentes traten a los jóvenes con afecto, creando en la Unidad una atmósfera cálida para la interacción de las patrullas.

El afecto se aprende como conducta hacia los demás en la medida en que uno lo experimenta. Si la Unidad tiene una estructura verticalista y encasillada, con dirigentes distantes, para quienes las interacciones con los jóvenes no constituyen una prioridad, esto influirá en el estilo de liderazgo que aplicarán los Guías de Patrulla y, por consecuencia, en la totalidad de la patrulla, deteriorando su carácter de grupo de amigos.

En la Unidad el afecto es central, las personas se escuchan unas a otras; el humor es espontáneo y brinda apoyo, no es hiriente; los jóvenes se ayudan unos a otros y celebran los buenos resultados de todos; los visitantes son recibidos con sonrisas; se observa un absoluto respeto por las opiniones ajenas, aunque no se compartan; y el cariño es auténtico, no artificial. En este ambiente, los jóvenes pueden consolidar y profundizar su amistad en el seno de las patrullas, cumpliéndose el primer objetivo del sistema, a partir del cual se edifica el segundo: ser una comunidad de aprendizaje.