La Aplicación del Marco Simbólico
Mantener vivo el espíritu de aventura
El éxito sin igual que el Movimiento Scout ha obtenido entre los jóvenes, tanto hoy como en sus orígenes, se explica porque les invita a realizar actividades que corresponden estrechamente a estos tres dinamismos esenciales: exploración, territorio y pandilla. Puede que una Unidad Scout no sea muy rigurosa en aplicar todos los elementos del método scout, como se analizará en detalle en el capítulo 4, pero si mantiene viva la respuesta a estos tres dinamismos, el interés de los jóvenes nunca decaerá.
De ahí que la idea simbólica de “explorar nuevos territorios con un grupo de amigos” debe estar siempre latente en la vida de grupo. Para lograr eso, los dirigentes deben repasar continuamente los conceptos del marco simbólico y confrontarlos con la forma en que lo aplican en la realidad cotidiana de la Unidad. Esa actitud permitirá que el símbolo esté siempre presente.
Evocar al héroe y transferir el símbolo
La evocación de diferentes pasajes de la vida y de las aventuras de exploradores e investigadores, hombres y mujeres, puede estar presente en la Unidad y en las patrullas por medio de distintas actividades:
- Animados relatos en noches de campamento.
- Presentación de exposiciones.
- Montaje de documentales en video.
- Dramatizaciones a la hora de la fogata.
- Pequeñas historias que proporcionan un fondo motivador a un juego prolongado.
- Visita a lugares históricos y museos.
- Entrevistas a quienes pueden proporcionar información sobre hechos y personajes
- Diálogos en la Unidad con especialistas invitados.
- Foros y comentarios a partir de determinados documentales o textos.
- Lecturas sugeridas a los jóvenes individualmente.
- Actividades de investigación por patrulla.
- Veladas con un tema central, en que todo lo que ocurre está relacionado con un relato o un personaje, incluido el lugar elegido, la ambientación, las vestimentas y la alimentación
- Montaje de pequeños experimentos, maquetas u objetos útiles que utilicen descubrimientos científicos célebres.
- Ferias de “inventores”, que estimulen la creatividad de los jóvenes
La lista de ideas es interminable y las actividades que se diseñen variarán según los ambientes, las iniciativas de los jóvenes y los recursos disponibles. Lo importante es que la evocación ponga a los jóvenes en contacto con un héroe o heroína de verdad, que se trate de exploradores e investigadores al servicio de la humanidad y no de guerreros o colonizadores al servicio de causas oscuras, afanes de poder, ideologías u otros intereses similares. También es recomendable que el medio elegido sea atractivo, cuidando que no se intelectualice en exceso y que los jóvenes, junto con recibir información, puedan “hacer cosas” que les ayuden a interiorizar el conocimiento adquirido.
Para que las evocaciones capten la atención de los jóvenes y sean variadas, los dirigentes necesitan manejar una información suficiente que les permita suministrar ideas, sugerir ejemplos y ser auténticos animadores de la actividad. En esta Guía se presentan numerosos testimonios de exploradores e investigadores, y muchos otros ejemplos se podrán encontrar en las Bitácoras que animan las diferentes etapas de progresión de los jóvenes. Sin embargo, nunca estará de más que los líderes se documenten en textos especializados.
A la evocación constante le sigue naturalmente la transferencia simbólica, esto es, un proceso de interiorización del valor que se desprende de la conducta del héroe y una reflexión sobre el impacto que este valor tiene en la vida personal y en el comportamiento. El símbolo cumple aquí su rol educativo, impulsando a ser aquello con lo cual uno se identifica. En otras palabras, el significante conduce al significado.
Los dirigentes deben favorecer que este tránsito se produzca en los jóvenes con el mínimo posible de interferencias. La aproximación al testimonio del héroe debe operar como una experiencia, la que depende de cada persona y no es posible intervenir. Al adulto corresponde el papel de un educador, es decir, sólo revelar aquello que ante los jóvenes podría pasar inadvertido y luego evaluar el comportamiento personal y representarlo ante el propio joven, haciendo las veces de un espejo. Sobre la evaluación de la progresión personal volveremos en el capítulo 11.
Contar es entrar en la magia
El marco simbólico también supone en los responsables scouts la virtud del “buen contar”, la que no siempre se valora. Si un educador posee esta virtud, poco se la estima; y si le falta, no se le pide que la logre.
Para Gabriela Mistral, maestra primaria, Premio Nobel de Literatura en 1945, “contar es encantar, con lo cual se entra en la magia”. En un artículo escrito en Avignon, Francia, en febrero de 1929, dice que todo puede ser aprendido gracias a la “bella arquitectura de un relato”, produciendo en los jóvenes “el mismo encantamiento de una fábula”.
Relatar los testimonios de los exploradores no consiste entonces en enumerar hechos ni en aburrir con fechas, lugares y apellidos. Gracias al “buen contar” se recrea un ambiente, los personajes caminan, gesticulan y actúan delante de los ojos de los jóvenes y, según describe la poetisa chilena, “se les meten en el alma hasta ese núcleo en que tienen sentados a los demás seres con quienes entablan familiaridad”.
Para relatar bien no se requiere ser artista, ni poeta, ni cuentista, ni humorista. La fuerza del relato está en vivir lo que se dice, de manera que el relato brote de la interioridad, “salga de adentro”.
Para lograr eso, el que relata debe ser rico en intimidad, en pensamientos y en vivencias, es decir, tener algo que comunicar a los demás. Eso se obtiene sabiendo observar, escuchando a otros, leyendo, experimentando, viviendo con intensidad. El buen contador de historias sabe descubrir en un paisaje los diferentes tonos de verde, porque ve más allá de la simple apariencia de las cosas. También debe surcar de encanto y fluidez sus palabras, porque los jóvenes son muy sensibles a la gracia.
Del texto de Gabriela Mistral y de la experiencia de buenos contadores de relatos pueden desprenderse algunos consejos para obtener esas condiciones:
- El relato debe ser directo y no perderse en disgresiones. El buen relato “camina como la flecha a su centro y no fatiga ojo de niño ni de hombre”.
- Un relato es vivo si es sobrio. Basta que por sí mismo el hecho mágico o extraordinario esté “bien cargado de electricidad creadora”. Para motivar el interés no se necesita de adjetivos ni de expresiones pedantes o empalagosas. El atractivo debe brotar “honrado y límpido del núcleo mismo del relato”. Como el buen gimnasta, un buen relato es aquel que ha perdido la grasa de los detalles superfluos y ha quedado en “puro músculo”.
- Si el relato debe ser transferido “sin añadiduras ni condimentos”, el contador debe ser “sencillo y hasta humilde”, de modo que los jóvenes dejen de ver al contador y se sumerjan en los hechos que relata.
- El contador debe saber elegir el momento oportuno. También debe aprender a transformar tiempos aparentemente perdidos en ocasiones de un buen relato. Un día de lluvia, una noche sin luz en campamento o un vacío en el programa de actividades pueden convertirse en una velada inesperada.
- La descripción deberá reducir a imágenes lo que más pueda de la historia, dejando sin su apoyo “sólo aquello que no puede traducirse en ellas”.
- Deberá usarse un lenguaje que tenga una relación vigente con el medio de los jóvenes y les evoque situaciones cotidianas.
- El contador deberá educar su voz hasta “sacarle alguna dulzura”, porque quien escucha “agradece el regalo de una voz grata y que se pliega como una seda al asunto”.
- Relatar no es sólo modular palabras. El lenguaje no verbal comunica muchas más cosas que el verbal. De ahí que el contador procurará que su cara, sus manos, sus gestos, sus miradas -sin excesos, por cierto- le ayuden a la belleza del relato, porque a los jóvenes les gusta ver “conmovido y muy vivo el rostro del que cuenta”.
Reaccionando como educadora, Gabriela Mistral termina su artículo diciendo que “no daría título de maestro a quien no contase con agilidad, con dicha, con frescura y hasta con alguna fascinación”.
Con mayor razón, lo mismo podría decirse de un dirigente scout.