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Las Actividades Fijas

Las actividades fijas tienden a realizarse de una misma manera

En la práctica, las actividades fijas tienden a ser realizadas de una manera bastante estandarizada. Sin embargo, ellas admiten variaciones en su aplicación, por lo que es conveniente revisar continuamente la forma en que las hacemos, preguntarnos si no podríamos mejorarlas, introducirles variantes y así evitar que se conviertan en rutina, pierdan su atractivo para los jóvenes o disminuyan su valor educativo.

A continuación nos referiremos a las principales actividades fijas.

Las reuniones de Patrulla

Las patrullas se reúnen al menos una o dos veces a la semana y no sólo los fines de semana, ya que los scouts se encuentran de acuerdo a sus intereses personales y a las necesidades de cada actividad. Una de esas oportunidades generalmente coincide con la reunión de Unidad.

Las reuniones pueden realizarse en el “rincón” propio, en el local de Unidad, en la casa de alguno de los integrantes, en la escuela, en la parroquia, en el lugar en que se desarrolla una actividad, en campamento o en otro lugar que los jóvenes escojan o que las circunstancias hagan apropiado.

No sólo se producen juntándose toda la patrulla. También pueden ser encuentros de 2 ó 3 jóvenes para tareas específicas. Es lo que normalmente los jóvenes hacen con sus amigos y amigas.

Las reuniones de patrulla varían mucho de contenido entre una y otra. Pueden tener por objeto preseleccionar, seleccionar, preparar o evaluar actividades; ejecutar una actividad o una parte de ella, trabajar en la etapa de un proyecto, celebrar un Consejo de Patrulla, evaluar la progresión, arreglar el rincón, mantener el Libro de Patrulla, arreglar dificultades internas o simplemente estar juntos por el placer de compartir, hablando de todo un poco sin la formalidad de una agenda, como ocurre en cualquier grupo informal.

La reunión de Unidad

La reunión de la Unidad Scout se realiza generalmente los fines de semana durante un tiempo no inferior a 3 ó 4 horas. Tiene lugar en el local de la Unidad o del Grupo o, si no se dispone de locales, en el lugar facilitado por alguna institución de la comunidad.

Se inicia puntualmente con un “saludo” o algunos gestos simbólicos breves: izar banderas, elevar una oración, entonar una canción, proclamar los “gritos” de las patrullas. A continuación se dan a conocer las principales novedades y se recuerda el programa de actividades a las cuales se dedicará la reunión.

Durante la mayor parte del tiempo disponible se preparan, realizan o evalúan algunas de las actividades fijas o variables previstas en el calendario del respectivo ciclo de programa.

En la reunión se alternan actividades de patrulla y actividades de Unidad, dándose habitualmente más tiempo a las actividades o reuniones de patrulla, según lo establezca el calendario. En el tiempo destinado a reuniones o actividades de patrulla, los dirigentes deben estar disponibles para el apoyo y acompañamiento personal y colectivo de los jóvenes. En algunos casos participan en las actividades junto a ellos.

Como las patrullas son diferentes en experiencia, desarrollo, número de integrantes, edades y probablemente sexo, sus actividades pueden ser muy diversas y tener distintos tiempos y ritmos. De ahí que es posible, por ejemplo, que en alguna ocasión una patrulla no asista a la reunión de Unidad porque ese fin de semana está realizando una excursión. También puede ocurrir que iniciada la reunión se retire a completar una actividad que está desarrollando en otro lugar de la comunidad.

Los dirigentes deben resistir la tentación de uniformar o estructurar excesivamente estos encuentros, para lo cual es preciso recordar que la Unidad es esencialmente una organización de respaldo del sistema de patrullas. El estilo de animación apropiado para una Unidad Scout dista mucho de ser un encuentro en que los pequeños grupos operan todos al unísono, bajo la mirada escrutadora de un dirigente y mucho menos siguiendo el ritmo impuesto por un silbato.

Esto no significa que en estas reuniones cada cual hace lo que quiere, ni que los dirigentes se eximen de supervisar, dar su apoyo estimulante o velar por la seguridad. Lo que tratamos de explicar es que su estructura es flexible y se adapta al calendario de actividades aprobado por la Asamblea de Unidad para el respectivo ciclo de programa.

Terminadas las actividades y antes del cierre, se destina cierto tiempo al cumplimiento de tareas rutinarias y administrativas, tales como limpiar el local, actualizar el diario mural o poner al día registros y cuotas. El cierre del encuentro puede adoptar una forma similar a su apertura.

Para que las reuniones de Unidad mantengan su sentido, recomendamos tener presente las siguientes orientaciones:

  • La reunión de Unidad no siempre dura de 3 a 4 horas. Cada cierto tiempo -idealmente una vez al mes- se puede desarrollar durante todo un día, coincidiendo con una actividad variable que requiere más tiempo.
  • En algunas ocasiones -por ejemplo, cuando se realiza una actividad variable de larga duración o un proyecto- se ocupará casi todo el tiempo disponible en avanzar en dicha actividad. Más que una reunión, será un día de trabajo.
  • También por exigencias derivadas de las actividades variables de que se trate, a veces las reuniones no se desarrollarán en el local sino en un sector de naturaleza cercano, o en otra parte del vecindario o de la ciudad, actuando las patrullas de manera autónoma o toda la Unidad en conjunto, según sean las necesidades del calendario de actividades.
  • Durante las reuniones habituales de Unidad es conveniente combinar actividades y tareas administrativas, evitando separarlas en dos bloques, lo que dividiría la reunión en dos partes: una interesante y otra aburrida.
  • En cualquier caso, las reuniones de Unidad deben ser activas, evitando largos intervalos o reuniones pasivas que hagan perder el interés de los participantes.
  • La Unidad no sólo se reúne los fines de semana, también puede programar una actividad en días feriados. Las Unidades patrocinadas por escuelas deben evitar reunirse exclusivamente en el colegio, al término de las clases e incluso en horas de clase, dando la falsa impresión de que el Movimiento es un deber escolar o una asignatura más.

Las reuniones, como todas las actividades scouts, nunca deben perder la emoción. Ellas necesitan producir en el ánimo de los jóvenes una “resonancia” que pueda prolongarse hasta la próxima reunión o encuentro.

Campamentos y excursiones

El campamento es la actividad fija más importante de un programa scout de actividades, ya que el método no es comprensible sin la vida al aire libre.

Los scouts suelen acampar entre 3 y 6 veces al año, tratando de lograr un total de no menos de 15 días de campamento. Dependiendo de la temporada, la duración de los campamentos varía entre 2 y 5 días, con excepción del campamento final de un año de actividades, que puede durar alrededor de 10 días.

A manera de ejemplo, una distribución de los campamentos durante un año podría ser la siguiente:

  • Un campamento o excursión de 2 días de duración, en cada ciclo de programa.
  • Un campamento de 3 a 5 días de duración, que puede ser en alguno de los períodos intermedios de vacaciones que los scouts tengan en el año. Puede coincidir con un cambio de ciclo de programa.
  • Un campamento de alrededor de 10 días de duración, durante el verano o período más largo de vacaciones de que dispongan los jóvenes. Se debe tener presente que este es un campamento que finaliza el “año scout”, por lo que cierra un ciclo de programa y debe contemplar tiempo para las diferentes tareas de evaluación.
  • El campamento es una actividad que comprende otras actividades: durante su transcurso se realizan las actividades variables y fijas que hayan sido previstas en el calendario del respectivo ciclo de programa, tales como grandes juegos, veladas, fogatas, celebraciones, acciones de servicio, actividades de exploración y muchas otras.

Un campamento no es una reunión de ciudad ampliada. Tampoco debe ser recargado con un apretado programa de actividades. Debe dar oportunidad para el silencio y para el contacto con la naturaleza; con tiempo suficiente para observar, descansar y hasta flojear. Es una oportunidad para vivir realmente.

Las excursiones, por su parte, son salidas de corta duración -1 ó 2 días- por lo que en el lenguaje scout no llegan a ser consideradas como “campamento” propiamente tal. Se realizan generalmente por patrulla y en cualquier momento del año, según lo acordado en el calendario del respectivo ciclo de programa.

Campamentos y excursiones:

  • Se realizan en un ambiente natural que renueva la vivencia del marco simbólico: explorar nuevos territorios con un grupo de amigos. Los jóvenes viven aventuras que los ponen en contacto con dimensiones antes desconocidas para ellos.
  • Contribuyen a que los jóvenes desarrollen su autonomía personal, ejerciendo responsabilidades y superando dificultades en un ambiente diferente al de su familia o de su entorno habitual.
  • Fortalecen la cohesión interna de las patrullas.
  • Crean un ambiente especial que facilita el logro de los objetivos personales de cada joven en todas las áreas de crecimiento.

Los campamentos permiten practicar la vida al aire libre, un elemento fundamental del método scout.

La vida al aire libre tiene tal impacto educativo en los jóvenes que los campamentos no pueden ser reemplazados por ningún otro medio. A través de ellos, los scouts:

  • Se reencuentran con los ritmos naturales.
  • Ponen en juego sus sentidos y desarrollan su imaginación.
  • Pierden el temor a lo desconocido.
  • Descubren la importancia de ser solidarios y trabajar en equipo en un medio con pocos recursos.
  • Experimentan la vida en condiciones simples y rudimentarias.
  • Tienen experiencias que están muy lejanas de quien vive en las ciudades, especialmente de aquellas excesivamente urbanizadas.
  • Se encuentran con ellos mismos.
  • Se maravillan ante la Creación y renuevan sus preguntas o certezas sobre Dios.

Nada reemplaza la experiencia de una noche bajo las estrellas, del turno de vigilancia junto al fuego, del canto de los pájaros en la madrugada, de la observación de la vida silvestre, del descanso abrigado en la carpa de la patrulla o del viento sonando en el bosque.

El campamento de Unidad se organiza de manera que favorezca la autonomía de las patrullas

Las patrullas acampan en un mismo lugar, pero en condiciones de distancia y espacio que les permitan desarrollar sus actividades con independencia. Las patrullas habilitan, ambientan y mantienen sus sectores de campamento, preparan su alimentación y realizan sus actividades particulares en los tiempos asignados para ellas.

Sobre la ubicación de las patrullas en un campamento de Unidad, Baden Powell aconsejó enfáticamente que las patrullas deben estar “cada una en carpas separadas y en sitios distintos, de modo que los scouts no se sientan como parte de un gran rebaño, sino como miembros de pequeños grupos responsables e independientes. Las patrullas deben permanecer intactas bajo cualquier circunstancia”. (Gaceta de la Oficina Nacional, junio de 1910).

Por esta razón, la elección del lugar de campamento es una de las condiciones de su éxito. Debe ser un lugar que ofrezca espacios independientes y seguros, que invite a descubrir, que haga posible jugar a la aventura, en medio de una naturaleza rica y variada que estimule la exploración.

  • El equipo de dirigentes acampa en un sector propio, idealmente equidistante de los sectores en que acampan las patrullas. Para su alimentación, sus integrantes se alternan aceptando las invitaciones de las patrullas. En los campamentos de larga duración, el equipo de dirigentes también atiende aspectos relativos al suministro central de ingredientes para la preparación de la alimentación en las patrullas.
  • Durante el desarrollo de un campamento de larga duración, al menos una vez, cada patrulla realiza una excursión fuera del lugar en que acampa toda la Unidad. Esta salida puede durar entre 24 y 48 horas. Ella no consiste en un paseo, por lo que debe tener un fuerte contenido de exploración de la naturaleza y observación del medio ambiente, conocimiento de la región y de sus habitantes y, evidentemente, una cuota de esfuerzo físico.
  • Este desafío implica preparación por parte de cada miembro de la patrulla y aplicación de conocimientos y técnicas. La planificación y realización de la excursión deben ser supervisadas cuidadosamente por los dirigentes, quienes minimizan el riesgo y acompañan su desarrollo, especialmente en patrullas con poca experiencia o formadas por jóvenes de menor edad.
  • Ni en campamentos ni en excursiones se realiza ninguna actividad o juego que, bajo el pretexto de incentivar destrezas o el dominio de sí mismo, pueda poner en riesgo la salud o la seguridad de los jóvenes o generar en ellos inhibiciones o temores.

Los juegos

El juego puede ser visto desde dos perspectivas.

La primera considera al juego como una actitud. Desde este ángulo el juego es una disposición de la voluntad, un estilo de ser y de hacer, un punto de vista desde el cual observar y juzgar los hechos sin demasiada gravedad, con optimismo y humor, dejándose sorprender por la vida.

Comprendiendo que esta actitud es natural en los jóvenes, el método scout está concebido como un gran juego y éste es su mayor atractivo para ellos, quienes lo asumen como propio. Esta “actitud de juego” hace que el joven y la joven se muestren sin temores, permitiendo a los dirigentes conocerlos mejor e identificar la forma de apoyarlos.

En segundo lugar, el juego puede ser visto como una actividad, como un medio espontáneo de exploración de sí mismo, de los demás y del mundo. Jugar implica experimentar, probar hasta dónde se puede llegar, aventurar, esforzarse, celebrar. Jugar con otros incluye compartir, ayudarse, organizarse, saber ganar y saber perder. Desde este ángulo el juego es un factor de introducción a la vida social, ya que al igual que en la vida cotidiana, existen reglas que todos deben respetar.

Los juegos organizados son los que más atraen a los jóvenes y los que mejor facilitan el aprendizaje. En ellos cada participante desempeña una función, aportando inteligencia y destrezas. Cada participante debe concentrarse en lo que hace, ya que su distracción puede perjudicar a su equipo.

Por el juego los jóvenes aprenden que no siempre pueden ganar, que es necesario ponerse en el lugar del otro, gobernar sus impulsos físicos, contenerse y dominar la tendencia a interpretar las reglas para su provecho. Asimismo, los más hábiles comparten con aquellos que lo son menos y éstos, a su vez, aprenden de ellos. El juego permite que hasta los menos diestros se destaquen en algo en particular.

En la adolescencia el juego demanda despliegue físico y requiere cierta elaboración que permita a los jóvenes reflexionar y decidir por sí mismos. Por eso es frecuente el juego que desarrolla un tema, ya que junto a la actividad física considera destrezas técnicas y aspectos tácticos que permiten idear y aplicar un plan.

Para elevar su resultado educativo, el juego debe proveer alternativamente la sensación de éxito y de pérdida, por lo cual la variedad de estilos y demandas de los juegos asegurará a todos la oportunidad de experimentar la emoción de triunfar.

Para que los juegos tengan éxito, es necesario:

  • Conocer juegos variados o disponer de suficiente material de consulta.
  • Elegir bien el juego de acuerdo a la ocasión.
  • Preparar con anticipación el material necesario.
  • Establecer reglas sencillas, que no den margen a interpretaciones, y explicarlas con claridad en el momento oportuno: debe conocerse con anticipación cómo se juega y, si corresponde, por qué se gana o se pierde.
  • Animar constantemente el juego sin que los dirigentes se conviertan en jugadores.
  • No dejar a ningún joven fuera del juego, salvo que alguno haya debido salir en virtud de las reglas del propio juego, las que, si su mecánica lo permite, debieran considerar su pronto reingreso.
  • Dar continuidad al juego y no interrumpirlo sin motivo válido.
  • Terminar el juego antes de que empiece a decaer el interés, siempre que su f inalización sea regulable, ya que hay juegos en que la solución de la trama requiere ir hasta el final y no se pueden concluir anticipadamente sin que el objetivo se frustre. Un juego que terminó en un buen momento será bien recordado y dejará deseos de volverlo a jugar.
  • Hacer respetar al perdedor y reconocer el mérito al ganador.
  • No repetir un juego con demasiada frecuencia.
  • Evaluar el juego, el desempeño de sus participantes y el cumplimiento de las tareas asignadas a quienes lo condujeron.

Existen muchos manuales y publicaciones que contienen diferentes tipos de juego para jóvenes y que pueden ser realizados por los scouts: de interior y de exterior, breves y extensos, de ingenio o de despliegue físico, grandes juegos “de ciudad” o juegos nocturnos al aire libre.

No obstante, nada podrá reemplazar el cuaderno personal de juegos, donde se describen los mejores que uno haya recogido durante su experiencia como dirigente o como Guía de Patrulla.

Historias, anécdotas, cuentos y relatos

No hay un momento particular para dedicarse a “narrar” con adolescentes. Pero el deseo de aventurar, la curiosidad, el placer de adentrarse en lo desconocido y misterioso están presentes con intensidad en los jóvenes de 11 a 15 años. Siempre apreciarán un relato histórico, una anécdota sabrosa, una leyenda impactante, sobre todo si refuerzan elementos que rondan en sus mentes gracias al marco simbólico.

Los relatos son como los condimentos en un buen guiso, se nota tanto su ausencia como su exceso. Por eso lo mejor es prestar atención a las oportunidades que ofrece la cotidianeidad de la vida de grupo: al comenzar o cerrar una reunión, antes de salir de excursión, en campamento antes de retirarse a dormir, en el descanso de una larga caminata, durante un prolongado viaje en bus o en tren.

Hay múltiples ocasiones en que un amplio repertorio de historias, anécdotas, cuentos y hechos vividos permitirán a un dirigente hábil estimular la imaginación de los jóvenes y presentarles valores mediante testimonios, modelos sociales y situaciones para imitar o rechazar.

Forman parte de este repertorio las historias que los propios jóvenes puedan inventar, fomentando así la práctica creativa de idear situaciones y adentrarse en la magia. Los testimonios de exploradores, inventores y científicos son casi siempre tomados de la realidad, pero nada impide recurrir a la ficción, contenida en el amplio tesoro de la buena literatura universal, especialmente de la destinada a los jóvenes.

Por último, sugerimos repasar lo que se dijo sobre “contar” relatos al final de los capítulos 2 y 8, relativos respectivamente a Marco Simbólico y Áreas de Crecimiento.

El canto, la danza y el baile

El canto, la danza y el baile contribuyen de manera importante al desarrollo de las aptitudes artísticas de los jóvenes, al manejo de su cuerpo y al aprendizaje de compartir en grupo. Cantar y bailar son actividades que unen, que ayudan a superar inhibiciones y que despiertan la alegría. Además, en esta edad es habitual encontrar quien interprete un instrumento musical y acompañe la canción de todos.

En Unidades Scouts cercanas a la tuya, en actividades de la Asociación y a través de dirigentes más experimentados, podrás conocer muchas danzas y cantos propios de los scouts. Existen además varios cancioneros que te ayudarán a enriquecer tu repertorio personal. Un dirigente que en el momento más inesperado inicia una canción, favorece que en su Unidad se cante en todo momento. A la inversa, una Unidad que no canta es porque sus dirigentes no cantan.

Los cantos y las danzas no requieren ser necesariamente “scouts”. Tu región y nuestro país poseen un rico material folclórico al cual siempre es conveniente recurrir. Los propios jóvenes, de manera espontánea, entonan canciones populares que expresan lo que les interesa y lo que sienten. Al compartir con ellos, los dirigentes pueden aportar orientaciones que les permitan valorar la música y el contenido de esos temas.

La edad adolescente es una época particularmente favorable a “festivales” y “concursos”, por lo cual siempre será posible promover actividades con Unidades cercanas o a nivel distrital, donde distintas Unidades se presenten y compitan en la ejecución de canciones y danzas.

La fogata

La fogata o fogón de Unidad consiste básicamente en un encuentro artístico en torno al fuego, con una duración que oscila entre una hora y noventa minutos de “diversión planificada”, en el que se mezclan canciones, pequeñas representaciones, breves historias, bailes y otras actividades artísticas presentadas por los jóvenes.

Habitualmente se organiza una fogata con motivo de un aniversario importante para todos, al final de un ciclo de programa, con ocasión de la última noche de un campamento -en campamentos de larga duración puede realizarse más de una- o en otras ocasiones similares.

Sobre el contenido de la fogata recomendamos lo siguiente:

  • El programa debe ser preparado previamente con la participación de todos los jóvenes y sus patrullas, siguiendo las orientaciones acordadas en el Consejo de Unidad.
  • En el desarrollo de la fogata cada joven tiene un rol que cumplir, ya sea en los detalles organizativos, en la mantención del ambiente general o en los números artísticos presentados por su patrulla.
  • Los números artísticos de las patrullas deben ser cortos, variados y de buen gusto.
  • Para convocar a los participantes, encender el fuego y dar inicio al fogón, cada Unidad suele adoptar un ritual propio, lo que añade sabor, tradición y sentido de pertenencia a la celebración. En algunas Unidades estos rituales varían cada vez.
  • Como el ritmo del día, que se inicia lleno de alegría y movimiento para luego reposar y entrar en la noche, el ritmo de la fogata va de la alegría expansiva al recogimiento. De ahí que las actividades más festivas se ubican al comienzo y las más reposadas al final, hasta concluir en un momento de reflexión y de oración.
  • En campamento, el término de la fogata coincide con el momento en que los jóvenes se retiran a sus sectores de patrulla a dormir, salvo que se introduzca un breve intervalo en que se comparte junto a las brasas mientras se disfruta de una bebida caliente o de un refresco.
  • Cuando se realiza en la ciudad, puede invitarse a padres y familiares, aunque no siempre es conveniente, ya que la Unidad también necesita celebrar privadamente esta fiesta.
  • La fogata puede tener un tema central en torno al cual giran las distintas representaciones: una leyenda, un hecho histórico, el recuento de las anécdotas del campamento y muchos otros.

Como se dijo, la fogata se realiza en una ocasión especial y tiene un cierto ritual. De ahí que cuando sólo se desea pasar un buen rato juntos, basta con organizar una velada, que al igual que la fogata, puede ser por patrulla o Unidad. La velada no tiene exigencias de ritmo, no necesita la presencia del fuego y hasta puede servir de actividad preparatoria de una fogata.

Según lo señaló Baden-Powell, marchas y desfiles no son actividades scouts

Es posible que a algunos lectores les llame la atención que aquí no se mencionen ciertas actividades fijas que algunos Grupos Scouts acostumbran. Tal es el caso de las marchas y desfiles que fueron usuales en una época.

El fundador de los scouts, ya en 1935, había prevenido claramente a los dirigentes sobre estas actividades. El siguiente texto de Baden-Powell refleja que él recomendaba un programa de actividades centrado en las aspiraciones de los jóvenes y en su educación.

“Frecuentemente me han pedido los dirigentes, no los jóvenes, introducir más entrenamiento para marcha y desfile en el programa de los scouts; pero a pesar que, tras 34 años de experiencia militar, reconozco su valor disciplinario, veo también muy claramente sus defectos. Brevemente son:

  • El entrenamiento para marcha y desfile da a un dirigente flojo y carente de imaginación algo en qué ocupar a los jóvenes, sin considerar si a éstos les gusta o los beneficia. Le ahorra a él un mundo de trabajo.
  • El entrenamiento para desfiles es un asunto de instrucción, de “martillar” sobre los jóvenes, y de ninguna manera un asunto de educación que puedan adquirir por sí mismos.
  • La marcha militar tiende a destruir la individualidad, mientras que en los scouts queremos desarrollar la personalidad. Cuando se ha aprendido a marchar, esta actividad aburre al joven que añora estar haciendo otras cosas, opaca sus ambiciones”.

(Tomado de Notas para dirigentes, anexo a la 17ª edición británica de Scouting for boys, 1935)