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Conceptos Básicos

La adolescencia es una etapa de crecimiento y progreso personal

De un modo general, entendemos por adolescencia el período de nuestra vida que se inicia con los cambios biológicos de la pubertad y finaliza con la entrada en el mundo de los adultos.

Hace 200 años este período no existía o transcurría inadvertido. Ni siquiera se usaba la palabra adolescencia y sólo se diferenciaba entre “niños” y “adultos”. La aptitud fisiológica para la procreación, que llamamos pubertad, marcaba la frontera entre ambas edades.

La creciente complejidad de la sociedad, que ha diversificado las funciones sociales y ha exigido mayores competencias para el mundo del trabajo; la consiguiente evolución de la escuela; la prohibición del trabajo de los niños; el aumento en la expectativa de vida y otros factores que han transformado la sociedad, han determinado el surgimiento de esta etapa de maduración sexual y social.

Durante mucho tiempo se la mencionaba como una etapa de “transición”, como un simple pasaje a la etapa adulta caracterizado por agitaciones e inestabilidad. A pesar que el adolescente con perturbaciones no es lo normal, se aludía muy fácilmente a la adolescencia como un período tormentoso de inestabilidad emocional y se enfatizaba en exceso la rebeldía juvenil.

Con mayor conocimiento científico del proceso que viven los jóvenes, hoy se ha generalizado la visión de la adolescencia como un período de fuerte crecimiento y progreso personal, que comprende no sólo los aspectos puramente biológicos de la pubertad, sino también aquellos cambios mentales y sociales que serán determinantes en la formación de la futura personalidad.

La adolescencia no es un mal inevitable. Es un período del ciclo vital que tiene su propia naturaleza, que se diferencia claramente de la niñez y de la adultez, que presenta enormes posibilidades de desarrollo y que hay que vivirla y vivirla bien. Es tan rica en vivencias que no puede ser valorada ligeramente como un simple “paso a”. Los jóvenes piden ser considerados como tales, no como “ex niños” o “futuros adultos”.

La rebeldía que se atribuye a los jóvenes, por ejemplo, más que una característica propia de la edad, es una valoración que se hace desde la perspectiva adulta, ya que esa supuesta rebeldía no es otra cosa que la autoafirmación que un joven hace de su diferencia, indispensable para la formación paulatina de su propia personalidad.

Las grandes tareas de desarrollo de la adolescencia en su totalidad, desde la pubertad hasta la entrada en el mundo adulto, podrían resumirse en las siguientes:

  • Alcanzar la madurez sexual, en todos los aspectos que ella comprende y no sólo en los biológicos.
  • Lograr la identidad.
  • Plantearse un proyecto de vida propio.

Es así como podemos decir que la adolescencia comienza en la biología y termina en la cultura. Se manifiesta su inicio con la aparición de las modificaciones corporales que sirven de índices de masculinidad y femineidad, continúa en nuevas formas de pensar que permiten comprender los acontecimientos de manera integrada, transcurre en la búsqueda de ser uno mismo en forma coherente y continua, y concluye con la inserción en el mundo con un proyecto propio, o al menos con la convicción de que se necesita tomar una opción de vida y que se es capaz de hacerlo.

La duración y las características de la adolescencia dependen de cada persona

Si bien de un modo general la adolescencia se inicia entre los 10 y los 13 años y culmina alrededor de los 20 años, su inicio, duración y término son muy variables, dependiendo básicamente de la naturaleza de cada persona, de su historia personal y de las características sociales y culturales de la comunidad en que se vive.

Es un período largo, ya que los desafíos de la sociedad contemporánea plantean exigencias cada vez mayores y más alto es el nivel de competencia requerido para satisfacerlas, lo que demanda tiempo. Esta misma extensión favorece, por lo general, estados de ambigüedad y contradicción, procesos de avance y retorno, los que son necesarios para que los jóvenes encuentren su propia identidad y el sentido de su vida.

Tampoco la adolescencia tiene una naturaleza fija e inmutable. Ella depende de las características de cada persona, de la situación existente en la comunidad y, sobre todo, del mayor o menor apoyo de los recursos psicológicos y sociales que el joven o la joven obtuvieron en su crecimiento previo. La calidad de vida que se tuvo durante la niñez influye notoriamente en la forma en que se vive y culmina la adolescencia.

La pubertad marca el inicio de la adolescencia

No puede fijarse una edad definida de comienzo de la pubertad, como tampoco es posible caracterizar de un modo absoluto esta primera parte de la adolescencia. Son grandes sectores del organismo y de la personalidad que se modifican y lo hacen en edades diferentes y con ritmos de crecimiento distintos. Más que edades cronológicas es preferible considerar historias personales de madurez y desarrollo.

De un modo muy general, puede decirse que en nuestro medio la pubertad se inicia en las jóvenes entre los 10 y los 12 años y en los jóvenes entre los 11 y los 13 años.

Al activarse e incrementarse ciertas hormonas de la glándula pituitaria, se inicia la maduración y liberación periódica de óvulos y la producción de espermatozoides, se presentan las características sexuales primarias y secundarias, se producen los cambios en otras funciones fisiológicas no sexuales y los cambios en tamaño, peso, proporciones corporales, fuerza, coordinación y destreza muscular.

Las características sexuales primarias se refieren a la constitución de los órganos sexuales involucrados en la copulación y en la reproducción. Estos órganos presentaron durante la niñez un desarrollo menor que los otros sistemas de órganos. En la pubertad se produce el crecimiento del pene, los testículos, el útero, la vagina, el clítoris y los labios genitales mayores y menores.

La capacidad de procreación no es simultánea con la menarquia en las mujeres o la primera polución en los hombres, ya que éstas son apenas las fases iniciales del proceso de maduración sexual. Sin embargo, la capacidad de engendrar hijos aparece antes de que el crecimiento físico se haya completado, por lo cual el embarazo en adolescentes se considera una situación de riesgo tanto para la madre como para el hijo.

Las características sexuales secundarias se refieren a las modificaciones corporales que sirven de índice de masculinidad y femineidad. Aparece el vello, cuya denominación “pubes” es la que da origen al término “pubertad”. Surge en ambos sexos en la zona genital y en las axilas, siendo más marcado en los hombres. En estos últimos se desarrolla además en el pecho y en la barba. En las jóvenes el crecimiento de los senos es con frecuencia el primer signo que evidencia el comienzo de la pubertad.

En ambos sexos, aproximadamente entre los 14 y los 15 años, la laringe se modifica produciendo los conocidos cambios de voz, que son más notorios en los hombres.

Se desarrollan las glándulas sudoríparas y sebáceas. Las primeras hacen que los jóvenes comiencen a presentar el característico olor de transpiración axilar. Las segundas, debido a la acumulación de secreción oleosa y retención de polvo, originan los familiares puntos negros, que al bloquearse e infectarse producen el acné. La piel de los jóvenes se pigmenta, contribuyendo a oscurecer zonas del cuerpo como los pezones y los genitales.

Las estructuras esqueléticas y musculares siguen un patrón general de estirón, si bien con ritmos de crecimiento distintos. Las jóvenes se adelantan en el crecimiento, pero alrededor de los 15 años los muchachos las superan en estatura. El crecimiento esquelético alterna con el aumento de peso.